NOTICIAS
RESEÑA: El Gruffalo, Teatro Lyric ✭✭✭✭
Publicado en
Por
timhochstrasser
Share
El Grúfalo. Ellie Bell, Timothy Richley y Owen Guerin. El Grúfalo
Lyric Theatre
04/07/15
4 estrellas
Reservar entradas Al final de este reestreno de El Grúfalo, la niña de ocho años sentada a mi lado, al ver mi bolígrafo y mi bloc, me tocó en el brazo y dijo con solemnidad: «Me pareció muy bueno. ¿Vas a escribir eso?» Y así lo he hecho… y me tienta dejar la reseña ahí, porque si su franja de edad salió contenta —y desde luego lo parecían, a juzgar por los aplausos atronadores—, ¿qué más habría que añadir? Sin embargo, para bien o para mal, una crítica al menos tiene que transmitir el ambiente de la ocasión y, en este caso, valorar cómo se ha actualizado este espectáculo tan representado en su versión más reciente, en el marco deslumbrante y rosa tocador del Lyric Theatre. Allí permanecerá hasta enero, cuando le espera una nueva gira por el Reino Unido. El Grúfalo está con nosotros desde 1999 y la primera adaptación teatral llegó apenas dos años después. Se convirtió en un gran éxito con mucha rapidez, ya fuera como cuento de buenas noches que aportaba calma a los niños y alivio a sus padres, o como fenómeno de animación y de escenario que ha cruzado culturas y continentes. Merece la pena detenerse un momento a preguntarse por qué. Algunos cuentos triunfan por el brillo de una escritura que evoca activamente un mundo de fantasía con una facilidad asombrosa. No es el caso aquí, donde la prosa del original era, en realidad, bastante plana y poco aventurera. En su lugar, tenemos un ejemplo de un género que hace que los lectores (y aquí el público) hagan gran parte del trabajo. La largamente aplazada llegada del Grúfalo pone a todos a imaginar la interminable lista de rasgos horripilantes que componen a esta criatura. De modo que, cuando por fin aparece, ya estamos predispuestos a quedar impresionados. Se activan todos los resortes habituales del suspense… la amenaza del bosque oscuro; el ratón valiente y vulnerable, con apenas un «mapa de nueces» para orientarse, que luego se libra con ingenio de la variedad de depredadores y peligros que encuentra por el camino… todo esto es terreno familiar de la antología de la literatura infantil. Pero es la amenaza de lo desconocido la que da impulso a la historia, junto con una moraleja: hay que tener cuidado con lo que se desea, porque la invención del Grúfalo acaba volviéndose contra el ratón tanto como contra los depredadores del bosque. No debemos olvidar tampoco que el éxito del cuento original es tanto visual como verbal: son las ilustraciones de Axel Scheffler las que marcan el tono y determinan las elecciones visuales de todas las adaptaciones posteriores. Gracias a él, el aspecto temible del Grúfalo se las ingenia desde su primera aparición para resultar benigno y peculiar más que amenazador. Eso, más que nada, acierta el equilibrio entre el misterio y el terror por un lado, y la dulzura oculta tras una apariencia temible por el otro. Las imaginaciones jóvenes, alimentadas con La bella y la bestia y otras fábulas, hacen el resto. Esta estrategia es tan antigua como Esopo, pero, de forma crucial, utiliza todos los recursos de los medios modernos para llegar al público infantil.
Esta nueva producción tiene muchos puntos a su favor. Tall Stories, el equipo creativo detrás de este reestreno, cuenta con un historial impresionante adaptando literatura infantil a escena, y esas virtudes están muy presentes aquí. Hay mucho movimiento dinámico en todas las escenas, lo que ofrece mucho que mirar cuando, en realidad, ocurre poco (aunque, por supuesto, se amenaza con mucho). Todos los depredadores —zorro, búho y serpiente— se implican físicamente con el ratón y con el narrador, de modo que a menudo se puede olvidar que solo hay tres intérpretes en el escenario. Además, ese dinamismo se extiende a una decidida voluntad de romper la «cuarta pared» e involucrar al público en la mejor tradición de la pantomima británica. Hay un momento precioso cerca del final, cuando el Grúfalo irrumpe en el patio de butacas e invita al público a salvar a «un pobre e inofensivo Grúfalo». Quién sabe: quizá haya niños en las primeras filas que, más adelante, sitúen el inicio de su idilio con el teatro en esa intervención tan especial. El vestuario también merece elogios, en particular el traje del Grúfalo, que es poco menos que un milagro del arte del acolchado.
Dicho esto, hay un par de aspectos que decepcionan. La nueva escenografía puede ser práctica y flexible y ofrecer muchas oportunidades para apariciones y desapariciones, pero en realidad se reduce a una serie de recortes deslizantes, demasiado literales, que no logra generar ninguna atmósfera de bosque. Hace unos años vi en Peckham una función de bajo presupuesto de Hansel y Gretel que consiguió más simplemente colgando del techo del espacio escénico una enorme cantidad de guirnaldas de oropel verde… el brillo y el susurro hicieron el resto. También es una pena que los números musicales rara vez pasen de lo rutinario. De nuevo, el trabajo es perfectamente funcional y profesional. Las melodías, cuadradas y de trazo grueso, permiten a los actores soltar mucho texto parlanchín y plantear repeticiones fáciles con las que el público puede engancharse sin esfuerzo. Sin embargo, parece una oportunidad perdida no hacer más para que la música explore los aspectos más tiernos y conmovedores de la historia.
Los tres papeles se reparten entre un grupo de seis intérpretes, y todas las partes estuvieron más que competentemente defendidas. Ellie Bell, como el Ratón, arrancó un poco despacio y al principio no captó la atención del público, aunque en parte la culpa fue del texto, algo plano en esos compases iniciales. No obstante, desarrolló muy bien su trabajo en los enfrentamientos con los depredadores, mostrando el ingenio y la viveza que el papel exige. Owen Guerin combinó el rol del Grúfalo con la complicada mezcla de papeles secundarios en las escenas previas. Aportó una presencia áspera y, a la vez, un encanto tímido que equilibraba el personaje del Grúfalo, además de unas imitaciones muy logradas en los otros cometidos. Los papeles más exigentes —y los que ofrecen mayor margen para desarrollar carácter— recayeron en Timothy Richey; y los abordó con garbo y entusiasmo. Son esos roles, donde pueden insertarse distintos niveles de humor y guiños internos, los que llegan tanto a los adultos del público como a los niños. Así que, en muchos sentidos, es quien más trabajo tiene y, desde luego, quien afronta el mayor número de cambios de vestuario a toda velocidad. El más conseguido, por ingenio y movimiento, fue el de la serpiente… mitad bailaor español sinuoso, mitad seductor astuto e ingenioso en una estirpe que puede rastrearse hasta Milton y, a través de él, hasta el Edén.
Matilda no es —el original y la adaptación son un bocado ligero en comparación con las creaciones inquietantes y de múltiples capas de Dahl y de quienes, después, han sabido adaptar su universo. Pero, en sus propios términos, este montaje logra exactamente lo que se propone y merece plenamente el aprecio de los críticos, tengan ocho u ochenta años. El Grúfalo estará en cartel hasta el 6 de septiembre de 2015 en el Lyric Theatre, Shaftesbury Avenue
Recibe lo mejor del teatro británico directamente en tu bandeja de entrada
Sé el primero en conseguir las mejores entradas, ofertas exclusivas y las últimas noticias del West End.
Puedes darte de baja en cualquier momento. Política de privacidad