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RESEÑA: Los Últimos Cinco Años, Southwark Playhouse Londres ✭✭✭✭✭
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Por
rayrackham
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Ray Rackham reseña The Last Five Years de Jason Robert Brown, actualmente en cartel en Southwark Playhouse.
The Last Five Years Southwark Playhouse
4 de marzo de 2020
5 estrellas
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El actor Tom Bosely dijo una vez que lo que más le gustaba de un reestreno musical es que el público entra silbando las melodías. Cuando Molly Lynch, en el papel de Cathy, canta “I really think you’re going to like this show, I’m pretty sure it doesn’t suck” (aproximadamente treinta y dos compases dentro de ‘See I’m Smiling’, la tercera canción de este ya muy transitado ciclo narrativo) cuesta incluso clasificar esta producción como un reestreno. Sentada sobre un piano de cola pequeño, en la escenografía sobria pero intuitiva de Lee Newby (al comienzo, recuerda al despacho de un terapeuta); enmarcada (al menos desde la butaca D17) por Rachel Shakespeare al violonchelo y Elaine Ambridge al violín; y (de forma crucial) acompañada por Oli Higginson, que interpreta a su marido descarriado, Jamie; al espectador se le puede perdonar que piense que está presenciando una escena de una obra escrita no ya en los últimos cinco años, sino quizá hace apenas cinco minutos. La producción de Jonathan O’Boyle del musical cuasi autobiográfico de Jason Robert Brown, sobre el florecimiento y la ruptura simultáneos de una relación, rebosa una relevancia bellísima. Esto no solo baña el espectáculo con una nueva luz musical, sino que reanima su corazón y su alma, y corrige muchos de los problemas que han perseguido al musical desde su estreno hace dos décadas.
Jamie conoce a Cathy, y asistimos a cómo acaba enamorándose, casándose y, finalmente, abandonándola. Cathy descubre que Jamie la ha dejado (un ‘Still Hurting’ de una belleza desgarradora) y, en un análisis musical retrospectivo, exploramos el cómo y el porqué, hasta llegar por fin a ese momento perfecto al final de la primera cita y al inicio de donde todo empezó. The Last Five Years juega con el tiempo y el espacio: vemos las dos caras de una ruptura; una contada del final al principio, y otra del principio al final. Quizá la canción más devastadora del espectáculo, el final ‘Goodbye Until Tomorrow/I Could Never Rescue You’, resume el viaje conjunto que el público recorre con esta pareja. La escenografía de Newby queda ahora salpicada por los restos de este romance fallido, mientras la última nota guía a un público con lágrimas en la cara tras noventa minutos de canciones.
Suena mucho más confuso de lo que realmente es, porque esta producción triunfal convierte una cronología dramaturgicamente dudosa en algo deliciosamente fácil de seguir y entender. El espectáculo es conciso, con impulso y coherente; no es el tipo de frase breve que un productor se apresuraría a estampar en la fachada; pero es tan importante en el contexto de este musical. Da la impresión de que O’Boyle, Lynch e Higginson se han sentado con el director musical George Dyer y han destripado el musical, línea por línea, frase por frase, reconfigurándolo con un propósito de 2020. Skype, FaceTime y los frappuccinos se incorporan sin sentirse como un truco, y por primera vez (al menos en los veintitantos años de relación de este crítico con la pieza) el musical no parece el intento de Jason Robert Brown de depositar toda la simpatía a los pies del exuberante Jamie y retratar a Cathy como la pesada, la que no alcanza sus metas y la que posa como un lastre. Es un testimonio del impresionante oficio teatral que se despliega aquí. Tal es el éxito de esta nueva lectura que resulta casi imposible ver las costuras entre la puesta en escena, la música y la interpretación; lo que se ofrece es un rico tapiz de interpretación y musicalidad actoral que incluso llega a cuestionar las normas de esa forma —ya de por sí matizada y alternativa— de contar historias a través de la canción. La preciosa partitura de Jason Robert Brown nunca había sonado con tanta claridad ni se había escuchado tan bien. ¡Brava, desde luego!
Conviene señalar que, como intérpretes-músicos, Lynch e Higginson sostienen la historia y, por momentos, la melodía por encima de la actuación casi virtuosa de Dyer a los teclados en el foso. Ambos han creado personajes imperfectos, honestos y extraordinariamente cercanos; mientras tocan con soltura y estilo el tierno corazón palpitante de la partitura. La compenetración de su trabajo en el único instante auténtico en el que Cathy y Jamie coinciden en el mismo tiempo y espacio (una fugaz sucesión de frases en la canción ‘The Next Minutes’) provoca auténticos escalofríos. Y aunque, sin duda, Higginson se lleva la mejor parte de la coreografía de Sam Spencer Lane, Lynch se gana el premio a las manos de jazz por la desternillante ‘Summer in Ohio’.
Aunque, ciertamente, quizá sea un poco pronto para coronar The Last Five Years como Mejor Reestreno Musical, o incluso (bajo la imaginativa y meticulosamente veraz visión de O’Boyle) como Mejor Musical Nuevo de 2020, hará falta una pieza teatral realmente especial para bajarlo del pedestal que se ha ganado. En respuesta a la afirmación de Cathy en ‘See I’m Smiling’, a este crítico no le gustó el espectáculo... le encantó, y desde luego no le pareció nada “un rollo”.
Fotos: Pamela Raith
Hasta el 28 de marzo de 2020
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