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RESEÑA: Teenage Dick, Donmar Warehouse ✭✭✭✭
Publicado en
15 de diciembre de 2019
Por
pauldavies
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Paul T Davies reseña la obra de Mike Lew, Teenage Dick, actualmente en cartel en el Donmar Warehouse de Londres.
Daniel Monks, Ruth Madeley, Callum Adams y Alice Hewkin en Teenage Dick. Foto: Marc Brenner Teenage Dick.
Donmar Warehouse.
13 de diciembre de 2019
4 estrellas
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Irrumpiendo en el escenario del Donmar Warehouse y trayendo consigo un centenar de dobles sentidos, la vibrante obra de Mike Lew mezcla películas adolescentes basadas en Shakespeare (piense en 10 Things I Hate About You) con Ricardo III para ofrecer una propuesta contundente y muy pertinente sobre nuestro tiempo y sobre el poder. Al trasladar el clásico de Shakespeare al instituto Roseland High School, el estudiante con discapacidad Richard Gloucester urde planes y maniobras para derrocar a su rival Eddie Ivy y convertirse en presidente de la promoción. Mientras que durante siglos la obra de Shakespeare se ha entendido como un lucimiento para un actor sin discapacidad, interpretando lo que se conoce como «disability drag», el texto de Lew exige que Richard sea interpretado por un actor con discapacidad y que su discapacidad concreta se nombre en el propio texto, y que Buck también sea interpretado por un actor con discapacidad. Así, además de ser profundamente entretenida, la obra hace que teatros y público se replanteen el cuerpo con discapacidad.
Daniel Monks y Ruth Madeley. Foto: Marc Brenner
Daniel Monks está asombrosamente bien en el papel protagonista, no solo como Richard Gloucester sino también en esos momentos a lo Ricardo III de apartes al público, discursos y esa lucidez sobre cómo la sociedad lo mira. Como todos los buenos Richard, nos hace sus confidentes: nos muestra lo estúpidos que son sus enemigos mientras los manipula, lo fácil que es fabricar noticias falsas y lo sorprendido que se queda cuando sus planes empiezan a desmoronarse fuera de su control. Es carismático e hipnótico; cuesta apartar la vista de él. Aunque la adaptación condensa algunas partes hasta rozar el estereotipo (la profesora excesivamente implicada, la chica mala, el deportista de pocas luces), el reparto lo aborda con tanto entusiasmo que esos pequeños fallos pasan desapercibidos. Ruth Madeley está estupenda como Barbara «Buck» Buckingham; Susan Wokoma está desternillante como la profesora Elizabeth York, de un lado para otro intentando educar mientras disciplina; Callum Adams es un atractivo y despistado Eddie Ivy; Alice Hewkin encarna a una chica mala y cristiana, y Siena Kelly brilla como la bailarina Anne Margaret, que, por supuesto, acaba convirtiéndose en el objeto del amor y las intrigas de Richard.
Alice Hewkin y Daniel Monks. Foto: Marc Brenner
El texto de Lew dialoga de maravilla con el original de Shakespeare, con la dosis justa de mezcla con el verso como para que el público se ría a carcajadas ante los guiños al Bardo. Pero, más importante aún, es una obra para hoy. La excelente dirección de Michael Longhurst y el soberbio espacio escénico de instituto de Chloe Lamford utilizan la tecnología con gran acierto para mostrar los efectos dañinos de las redes sociales. Los trolls destrozan a Anne Margaret, y es Richard quien siembra desde el principio la semilla del rumor; y los discursos adquieren un tono muy presidencial, con ecos de Trump, tanto el de Estados Unidos como el nuestro. Es un viaje trepidante de una hora y cincuenta minutos en el que lo único que se ridiculiza —especialmente en una rutina de baile sobresaliente— es el término «discapacidad». Disfruté muchísimo de una noche con Teenage Dick. (Ahí lo tiene: ¡solo un juego de palabras!)
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