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RESEÑA: Swive, Shakespeare's Globe Londres ✭✭✭✭
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Por
helenapayne
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Helena Payne reseña Swive, de Ella Hickson, actualmente en cartel en el Sam Wanamaker Playhouse, en Shakespeare’s Globe.
Swive Sam Wanamaker Playhouse
Shakespeare’s Globe, Londres
4 estrellas
En la víspera de unas elecciones generales muy disputadas y libradas con dureza, nos acomodamos en el cálido cubo de Rubik del Sam Wanamaker Playhouse; el robusto escenario de aglomerado dorado, una metáfora acertada de Isabel I como monarca. Swive es una nueva y vibrante obra escrita por Ella Hickson y dirigida por Natalie Abrahami, que traza el meteórico ascenso de la Reina Sol desde una juventud turbulenta hasta el dominio político como la soberana más celebrada de estas islas. Cuatro intérpretes asumen múltiples papeles, encabezados por Nina Cassells como la Princesa, que se transforma en Abigail Cruttenden como la Reina madura, con el apoyo de Michael Gould y Colin Tierney en una sucesión de amenazas masculinas, intereses amorosos, confidentes y consejeros.
La obra arranca con una interpelación directa al público, apropiada para un espacio concebido para recrear la experiencia de un espectador isabelino al asistir a una función; pero, como señala Cruttenden con ironía, todo esto “es una ilusión”, ya que el recinto solo tiene cinco años. El prólogo marca el tono de la voz femenina, sardónica y sin rodeos, que se concede a la Reina mientras rechaza la amenaza de regentes alternativos y propuestas de matrimonio que debilitarían su absolutismo. El retrato que Hickson hace de la Reina comienza con una joven ansiosa y asustada, desesperadamente dependiente del consuelo de su fe; y desemboca en una mujer que ejerce el poder mediante su inteligencia y su sexualidad para manipular y controlar. Cassells ofrece una interpretación sin aliento como la Princesa: inocente y con los ojos muy abiertos, aunque con destellos de acero que anticipan la transformación venidera. Cruttenden aprovecha al máximo la oportunidad de encarnar a esta figura legendaria y entrega una actuación arrolladora como una mujer segura de sus artes, creyéndose sus propias mitologías y depurando cualquier amenaza percibida con brío e ingenio. Se deleita con la atención y la feminidad combativa de Isabel desprende un auténtico sentido del espectáculo, como si nosotros, el público, fuéramos los cortesanos invitados a verla brillar.
Hay momentos de verdadera ternura, incluida la coquetería entre Isabel y Tierney como Robert Dudley. La química entre ambos es eléctrica, y resulta desgarradoramente humana verla debatirse y aplastar su deseo de amor y compañía en favor del deber. Hay muchos comentarios agudos de todos los personajes que son tan pertinentes hoy como lo eran hace 450 años. La forma en que las mujeres de la pieza rivalizan y compiten entre sí por la atención masculina y, por tanto, por la influencia, parece tristemente actual; al igual que la fijación de Isabel con las reflexiones de Knox de que “lo nuevo es mejor”, hasta que ella misma deja de ser “nueva”. Cassells también ofrece un trabajo divertidísimo como una desdichada lavandera que reduce con mordacidad el derecho divino a gobernar y la importancia de la corona a “al final son solo sombreros”. Además, señala que, a juzgar por su tocado, “a los sacerdotes y a las brujas se les trata de forma muy distinta”. También merece mención la música atmosférica de Angus McRae, que acompaña la acción de manera magnífica, especialmente el cálido timbre del violonchelo de Maddie Crutter, que nos hace sentir como si estuviéramos dentro de la cavidad resonante del instrumento.
Swive es una obra orgullosamente feminista y un vehículo fantástico para que Cruttenden firme una interpretación estelar. No me cabe duda de que monólogos y dúos del texto se abrirán paso en audiciones y programas de escuelas de interpretación, como bien debería ser. A veces la acción puede sentirse un poco estática, pero imagino que esta decisión fue intencionada por parte de Abrahami para captar la intimidad y la asfixia del funcionamiento interno de la corte. Es una pieza teatral finamente construida y un tributo apropiado a una monarca que nunca fue celebrada abiertamente en las palabras del Bardo inmortal.
Hasta el 15 de febrero de 2019
Fotos: Johan Persson
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