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RESEÑA: Patriots, Now Coward Theatre, Londres ✭✭✭✭
Publicado en
8 de junio de 2023
Por
pauldavies
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Paul T Davies reseña la obra Patriots, de Peter Morgan, actualmente en cartel en el Noel Coward Theatre, Londres.
Tom Hollander. Foto: Marc Brenner Patriots Noel Coward Theatre, Londres
6 de junio de 2023
4 estrellas
Comprar entradas Boris Berezovski. Un nombre casi olvidado entre el alud de noticias que recibimos cada día, cada hora. Un empresario corrupto y multimillonario que prosperó en la Rusia caótica y fiestera de Yeltsin, y el hombre al que se atribuye haber llevado a Putin a la presidencia. Su arrepentimiento por haber puesto al hombre equivocado y el ascenso de Putin, de aplicado agente del KGB al líder que hoy conocemos, se plasman con enorme fuerza en la excelente obra de Peter Morgan. Morgan emplea su pericia —como ya demostró en The Crown y The Audience— para condensar décadas de historia en un sólido drama histórico que entretiene y también informa. La puesta en escena de Rupert Goold es trepidante, se desliza con elegancia por el fluido y multinivel espacio escénico de Miriam Buether, con sus taburetes de bar, y está interpretada por un magnífico elenco.
El reparto de Patriots. Foto: Marc Brenner
Al frente, como Berezovski, está el sobresaliente Tom Hollander, que irradia arrogancia y convicción, un patriota a su manera de Rusia. Si en ocasiones su interpretación roza lo histriónico, especialmente en la segunda mitad, el espectáculo necesita esa grandilocuencia de desesperación y rabia, y él resulta igual de eficaz al transmitir lo que el hombre perdió en el exilio. El ganador del Olivier Will Keen (por Mejor Actor de Reparto en lo que claramente es un papel protagonista compartido) experimenta una metamorfosis asombrosa como Putin: su manera de andar, su postura, su mirada, atravesando el patio de butacas.
Will Keen y Tom Hollander. Foto: Marc Brenner
Los choques entre ambos son momentos de gran dinamismo teatral; es una pena que el exilio haga que no veamos más encuentros cara a cara en el segundo acto, pero el cambio de poder está magníficamente planteado e interpretado. Las víctimas están representadas por Alexander Litvinenko, en una actuación de Josef Davies medida al milímetro; su salida apresurada para acudir a una cita para tomar el té hará que el corazón se te acelere de inquietud. Y Stefanie Martini ofrece una interpretación digna y firme como Marina Litvinenko. Pese a toda su bravuconería y potencia, también hay escenas de ternura entre Berezovski y su profesor de matemáticas Perelman, magníficamente encarnado por Ronald Guttman, que representa una Rusia —quizá idealizada— ya fuera del alcance de Berezovski. Con la manipulación de los medios de comunicación, la expansión rusa hacia estados satélite, sistemas legales corruptos y líderes igualmente corruptos, la obra palpita con una actualidad inquietante. Y, sin embargo, la calidad de la escritura nunca hace que se sienta como una lección: el coste humano permanece en el centro.
Josef Davies. Foto: Marc Brenner El diseñador de sonido y compositor Adam Cork crea una atmósfera de Rusia tal y como en Occidente la guardamos en el imaginario. Como en cada episodio de Succession, nos horrorizan los personajes y sus acciones, pero no podemos apartar la mirada, y sabemos que los multimillonarios tienen pocos reparos a la hora de destruir el planeta. (Hay un interesante retrato de Roman Abramovich, al que da vida con enigma Luke Thallon, con una excelente presencia escénica). Es una obra sobre el patriotismo, desde luego, y la cita de Misha Glenny —“Al final, la historia de Rusia la escribió un patriota con todo el fanatismo y los puntos ciegos que conlleva el patriotismo”— resuena en el auditorio mientras vemos cómo ese fervor devora a los personajes. Muy recomendable.
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