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RESEÑA: Letras y letristas, Sala de Conciertos Theresa L Kaufmann ✭✭✭
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Por
stephencollins
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De izq. a der.: Kate Baldwin, Jason Danieley, Liz Callaway, Jeremy Jordan, James Clow, Heidi Blickenstaff. Crédito de la foto: Courtesy 92Y Lyrics and Lyricists
Theresa L Kaufmann Concert Hall
92nd Street Y (Off Broadway)
12 de enero de 2015
3 estrellas
Qué gran idea para un concierto: seis intérpretes, un narrador y una pequeña orquesta repasando el fruto de la fecunda colaboración entre Hal Prince y Stephen Sondheim, que arrancó de verdad con Company y terminó en la tragedia que fue la desastrosamente recibida producción de estreno de Merrily We Roll Along. Y qué acierto, además, contar con David Loud —que formó parte del reparto original de 1981 de Merrily We Roll Along— como narrador.
Loud ejerce también como director artístico de este concierto, que forma parte de la 45.ª edición de la serie Lyrics & Lyricists, una de las grandes series de conciertos del American Songbook en Estados Unidos, además de ponerse los sombreros de director musical y autor de los textos de enlace.
Loud es perfecto para un evento de este tipo. Entrega el material con ironía y un eficaz sentido del humor, no resulta empalagoso y aporta una franqueza e inteligencia muy refrescantes a las historias que hay detrás de la colaboración musical.
Si el objetivo de la serie es poner el foco en las letras y en quienes las escriben, la combinación Sondheim/Prince ofrece desde luego un filón del que tirar. Los seis musicales en los que colaboraron como director y letrista/compositor abarcan un enorme rango de estilos y efectos, y en cada espectáculo hay muchos números que subrayan el talento lírico de Sondheim.
Resulta, pues, algo curioso que la selección aquí sea extrañamente previsible y no ofrezca una verdadera visión de la asombrosa destreza de la pluma de Sondheim a lo largo de esos seis musicales. En realidad no escribe malas letras, pero desde luego hay canciones en las que la letra es más inteligente, más ingeniosa y más lograda que la música. Si lo que se buscaba era destacar la escritura lírica, dudo que tu primera elección fuera Being Alive de Company, o Beautiful Girls de Follies, o Send in the Clowns de A Little Night Music, Poems o Pretty Lady de Pacific Overtures, Johanna de Sweeney Todd o The Hills of Tomorrow o Our Time de Merrily We Roll Along.
No es que no sean grandes canciones —en su mayoría lo son—, pero, por lo general, cada partitura tiene temas con letras más chispeantes, ingeniosas o mordaces.
Es de suponer que la idea es que el concierto sea del agrado del público y, por tanto, convenga recurrir a melodías conocidas. Sin duda. Pero en estos seis títulos hay muchas melodías estupendas acompañadas de letras magníficas que podrían —y quizá deberían— haberse elegido antes. Por poner un solo ejemplo, tanto Someone In A Tree como Please Hello tienen letras mucho mejores que Poems o Pretty Lady de Pacific Overtures.
Hasta cierto punto, eso sí, la selección de canciones puede haberse visto condicionada por los intérpretes encargados de defender el material. Dicho esto, estamos en Nueva York y cabría pensar que hay un pozo inagotable de talento del que tirar.
Con las intérpretes femeninas no hubo problemas de calidad: Liz Calloway, Kate Baldwin y Heidi Blickenstaff. Las tres estuvieron soberbias.
Calloway estuvo mágica en Not Getting Married Today, con una articulación y una afinación impecables mientras saltaba a través de los aros de Sondheim. Muy posiblemente sea la mejor vez que he oído cantar esta canción. Aportó auténtica emoción a Old Friends y garra y brío a Now You Know. Su Send In the Clowns fue de una sencillez muy bien medida. Probablemente lo mejor cantado de la tarde llegó de la mano de Kate Baldwin, que, tras un Bless This Day de precisión mortífera y comedia altiva, ofreció una lujosa y sensual versión jazz en solitario de You Could Drive A Person Crazy que, en fin, llevó al público a un auténtico frenesí de entusiasmo. Después remató con un Could I Leave You? sexy y socarrón; de infarto. Le tocó la china con Hills of Tomorrow, pero su técnica y un encanto sublime dieron nueva vida a ese número olvidado. Completando el trío de femme fatales vocales, Heidi Blickenstaff abrió su aportación con una interpretación enérgica y vocalmente formidable del trabalenguas Another Hundred People. Aunque la cantó más que correctamente, Blickenstaff es demasiado joven para hacer plena justicia al dolor inherente a la letra de Losing My Mind, pero se reveló como una Mrs Lovett estupenda y muy personal en el gran final del Acto I de Sweeney Todd, A Little Priest. Hizo un trabajo excelente en Not A Day Goes By, especialmente en la versión que formaba parte del final. Estas fabulosas mujeres también aportaron muchísimo a los números de conjunto, entre ellos A Weekend In The Country, Remember, Our Time, The Advantages of Floating In The Sea y The Ballad of Sweeney Todd. Brava por cada una de ellas.
Los hombres no brillaron tanto.
El mejor fue James Clow, un hombre alto, con presencia y un registro de bajo-barítono como debe ser. Inexplicablemente, no tuvo su propio solo, pero fue un Todd excelente en A Little Priest y se le debería haber dejado cantar Sorry-Grateful en solitario. También fue el mejor vocalmente en Pretty Lady. Es una pena que no pudiera lucir de verdad su capacidad vocal.
Tanto Jeremy Jordan como Jason Danielly parecían completamente fuera de su elemento en el repertorio de Sondheim.
La voz de Danielly no es lo bastante segura en el registro medio y tiende a un agudo algo destemplado; además, parece totalmente desconectado de la letra. El número de apertura, su versión de Good Thing Going, estuvo a punto de matar el espectáculo antes de que empezara y de poner al amable público rumbo a la puerta... Y nada de lo que hizo después supuso una mejora real. Un peinado impecable no convierte a nadie en un cantante con talento. Jordan, luciendo una barba que le hacía parecer recién bajado en Flatbush Avenue justo a tiempo para el sabbat y un aura de arrogancia completamente fuera de lugar, fue sonriendo de canción en canción sin encontrar ni el sentido de las palabras ni la pasión de las melodías. Incomprensible. Jordan puede resultar muy impresionante en el vehículo adecuado, pero, evidentemente, Sondheim no es ese vehículo. Su Being Alive estaba muerto; su God-Why-Don't-You-Love-Me-Blues se respondía a sí mismo; y su dúo con Danielly, Poems, fue absolutamente horrible. Y que no me recuerden sus acentos en Pretty Lady. Madre mía... Hubo, sin embargo, un final radiante, en el que los seis intérpretes trabajaron duro para integrarse y conseguir algo nuevo: un sexteto basado en un mash-up de Not A Day Goes By, Send In The Clowns, Could I Leave You, Pretty Lady, Being Alive y Sorry Grateful: seis intérpretes y seis canciones de seis espectáculos. El Sondheim 666: funcionó de maravilla. Fue una tarde disfrutable con gran material de Sondheim. Un mejor reparto masculino habría dado mayores réditos, igual que una mejor selección de canciones. Pero por 25 dólares, con orquesta y unas mujeres fabulosas cantando con el alma, fue una auténtica ganga. Y, de hecho, el precio se justificaba solo por escuchar a Loud leer la carta que Richard Rodgers escribió a Prince y Sondheim tras el debut de Company.
Fue un concierto con mirada informada y algunas actuaciones estelares. Lástima que los hombres deslucieran el conjunto.
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