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RESEÑA: La Bohème, Opera Holland Park ✭✭✭

Publicado en

Por

timhochstrasser

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Tim Hochstrasser reseña La bohème de Puccini, presentada como parte de la temporada 2023 de Opera Holland Park.

La Bohème

Opera Holland Park

3 estrellas

Sitio web de Opera Holland Park

Dada la (excesiva) familiaridad de esta ópera, el reto al que se enfrenta cualquier director de escena es considerable. La tentación de alejar el marco lo máximo posible del París de finales del siglo XIX es grande, pero, por otro lado, esta es una obra central del ‘verismo’, donde el realismo áspero constituye el corazón de su estética. ¿Dónde se encuentra el punto de equilibrio adecuado?

Natascha Mitchell decide situar esta producción en un plató de cine italiano de los años cincuenta, donde se rueda un drama de época ambientado en la Belle Époque. Una versión crepitante de un tema de Edith Piaf da inicio a la velada, y todos los personajes de Puccini participan en el rodaje: Rodolfo es guionista, Mimì ayudante de vestuario, Musetta cantante, y Marcello diseñador de decorados, y así sucesivamente. En teoría es un planteamiento ingenioso, pero durante tres de los cuatro actos resulta más distractor que esclarecedor.

Reparto y coro de La Bohème. Foto: Craig Fuller.

La escenografía está abarrotada de parafernalia cinematográfica, incluida una gran cámara que se desplaza delante de la orquesta, y poblada por oleadas de figurantes y personal entre bambalinas, que por momentos se funden en el coro. Se puede admirar la habilidad con la que todos los elementos encajan y fluyen con naturalidad unos alrededor de otros y dentro de la acción, y aun así preguntarse si este es el ambiente más adecuado para un drama que, fuera de la escena del Café Momus, es sobre todo una sucesión de encuentros íntimos que celebran la amistad o el romance, o ambas cosas. Aquí convendría más la sencillez que el ajetreo frenético, aunque eso suponga una lectura más convencional. Cuando la sencillez regresó en el acto 3, de pronto todo recuperó un foco dramático nítido y convincente.

Adam Gilbert como Rodolfo y Katie Bird como Mimì. Foto: Craig Fuller

Dicho esto, el apartado musical de la velada funciona a un nivel altísimo. La City of London Sinfonia, bajo la batuta de George Jackson, saborea las deliciosas texturas orquestales, sacando a relucir las múltiples capas de color instrumental que Puccini convoca al servicio del momento dramático. No hay nada rutinario en esta interpretación y, como Jackson se atrevió a crear auténticos pianísimos bajo la cavernosa carpa de Holland Park, pudimos escuchar líneas internas de la orquesta que normalmente quedan ocultas dentro del conjunto sonoro.

Del mismo modo, los papeles principales se cantaron al máximo nivel. Katie Bird ofrece la mejor interpretación de Mimì que he escuchado en años. Con demasiada frecuencia, las cantantes en este papel parecen creer que deben estar desvaneciéndose ante nuestros ojos desde su primera aparición; en cambio, Bird mantiene una personalidad genuina y vivaz de principio a fin, con interpretaciones hermosamente construidas de las arias clave y una escena de muerte soberbia en la que, al igual que la orquesta, reduce el volumen hasta que solo queda un hilo de sonido que encoge el corazón. Un final que todos hemos escuchado tantas veces volvió a imponerse de nuevo con fuerza.

Adam Gilbert, Barnaby Rea y Ross Ramgobin. Foto: Craig Fuller

Estuvo muy bien acompañada por el Rodolfo de Adam Gilbert, plenamente dueño de las exigencias del papel y cantando sin forzar. A su alrededor, había un grupo de amigos muy convincente. Marcello, Colline y Schaunard ofrecieron interpretaciones creíbles, llenas de calidez, energía y humor. En particular, Barnaby Rea, como Colline, dijo adiós a su abrigo como si le fuera la vida en ello; y Ross Ramgobin transmitió con verdadera credibilidad los cambios de ánimo y de actitud, tan rápidos como el mercurio, de Marcello. La Musetta de Elizabeth Karani le siguió el ritmo en todo momento y dominó, como siempre debe, el segundo acto con picardía y corazón.

 

Elizabeth Karani como Musetta. Foto: Craig Fuller

Por mucho que el foco recaiga en los principales protagonistas, esta ópera se sostiene, para triunfar, en el esfuerzo colectivo a la hora de retratar un ambiente. El coro desempeña un papel fundamental para lograrlo y, como es habitual, Opera Holland Park cumple con creces en este apartado, ya estemos hablando de comensales en el Café Momus, vendedores callejeros o grupos de niños. Cantantes de distintas organizaciones se unieron para ofrecer un relato cohesionado y convincente de la acción de conjunto, y aquí el mérito corresponde de verdad a la directora de escena, pese a mis críticas al concepto global, por lograr que las escenas con el escenario lleno resulten tan verosímiles.

Elizabeth Karani como Musetta. Foto: Craig Fuller

Sigo pensando que la directora de escena se esforzó demasiado por injertar su gran concepto en una ópera que tan a menudo funciona mejor en una escala íntima, casi de ópera de cámara. Sin embargo, no cabe duda de que la sala llena en la noche de prensa disfrutó de una función que, en lo musical, ofreció muchísimo más de lo habitual, haciéndonos conscientes una vez más de lo hábilmente construida que está esta ópera a todos los niveles.

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