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RESEÑA: El Océano al Final del Camino, Teatro Dorfman en el Teatro Nacional ✭✭✭✭
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pauldavies
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Paul T Davies reseña la adaptación de Joel Harwood de El océano al final del camino, de Neil Gaiman, actualmente en cartel en el National Theatre.
Samuel Blenkin y Marli Siu en El océano al final del camino. Foto: Manuel Harlan El océano al final del camino.
Dorfman Theatre, National Theatre.
11 de diciembre de 2019
4 estrellas
Traslado al West End - Reservar entradas Actualización: El océano al final del camino se traslada al Duke Of York's Theatre en octubre de 2021.
En esta función se percibía una notable ebullición de entusiasmo, principalmente porque Joel Harwood ha adaptado una novela de uno de los autores más queridos del mundo, Neil Gaiman. Más recientemente, su Good Omens fue un exitoso salto a la televisión y, para mí, también es el guionista de uno de los mejores episodios de Doctor Who de los últimos años, The Doctor’s Wife, en el que la TARDIS cobra forma encarnada por Suranne Jones. Esta es su novela más personal, escrita para su esposa, y una obra sobre la infancia, la memoria y la imaginación. Trata del pasado y de lo que cargamos con nosotros, y de lo que reprimimos, contado mediante un realismo mágico en el que un estanque de patos se convierte en un océano y los espíritus malignos reciben el nombre de pulgas.
Jade Croot y Pippa Nixon en El océano al final del camino. Foto: Manuel Harlan
Como cabría esperar del National, el espectáculo luce impresionante. Con Paule Constable volviendo a sobresalir en el diseño de iluminación, las auténticas estrellas son el movimiento y la fisicalidad que hacen que la producción fluya como un océano (director de movimiento: Steven Hoggett), y la magnífica partitura de Jherek Bischoff. Guiándonos por la historia hay una estupenda interpretación central de Samuel Blenkin como el Chico, convincente al narrar, inquisitivo y cínico cuando hace falta, y entregado a la fantasía con pasión. Marli Siu interpreta a la hija de la familia de al lado, una familia con poderes míticos que tienden un puente entre la realidad y el otro mundo; y Josie Walker resulta muy disfrutable como la anciana señora Hempstock, figura de aire brujeril que funciona como nuestro punto de acceso a lo mítico, con un sentido del humor muy bien medido. Justin Salinger también está excelente como el padre y como el Chico ya mayor, aportando las realidades y tensiones de nuestro mundo.
Samuel Blenkin. Foto: Manuel Harlan
Desde los primeros minutos queda claro que la producción de Katy Rudd será un espectáculo de belleza visual: hay muchísimos números y escenas de una ejecución pulida e impactante. Y menos mal, porque a veces la narración se queda un poco plana en lo dramático, y la historia oscila entre lo infantil (hay un elemento del cuento de la madrastra malvada en la Pulga) y grandes temas como el duelo y la pérdida, y en esos momentos resulta de una emoción muy convincente. Hay una escena demasiado larga en el segundo acto con un corro de hadas que empieza a parecer una versión de bajo presupuesto de Thriller de Michael Jackson, con mucho braceo que dispara efectos de luz y sonido. Aun así, eso queda más que compensado por algunas secuencias mágicas, especialmente el propio océano, y por unos cuantos trucos estupendos que mantienen al público implicado. Admito que normalmente esto no es lo mío, pero se trata de una producción imaginativa, que ofrece una excelente velada para los fans de Gaiman y del género.
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