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RESEÑA: Sierra Boggess, La serie de conciertos en línea de Seth Rudetsky ✭
Publicado en
2 de septiembre de 2020
Por
julianeaves
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Julian Eaves reseña la aparición de Sierra Boggess como parte de la serie de conciertos online de Seth Rudetsky.
Sierra Boggess La serie de conciertos de Seth Rudetsky: con Sierra Boggess y Seth Rudetsky
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El otro día, reflexionaba sobre la extraordinaria calidad de esta serie de charlas-cabaret y me preguntaba si el anfitrión —el extraordinario pianista, director musical y presentador, Seth Rudetsky— sería capaz de mantener indefinidamente una racha tan impecable de citas de primer nivel. Pues bien, en el más reciente de sus espectáculos, el señor Rudetsky nos dio la respuesta.
Desde hace tiempo me pregunto de dónde viene la fascinación mundial por Sierra Boggess. Solo la he visto en la versión filmada de ‘Love Never Dies’, y en realidad no es posible juzgar a una artista por una única actuación. Este cabaret, sin embargo, nos ofreció una muestra más amplia de sus capacidades. Abrió con ‘I Have Confidence’ de Richard Rodgers, que escribió como vehículo para el talento de Julie Andrews en la película de ‘The Sound of Music’ (‘Sonrisas y lágrimas’). Fue una interpretación bastante correcta, y a continuación abordó una vivaz canción de patter en compás de vals, donde su articulación fue quizá menos segura —aunque eso podría atribuirse a problemas técnicos de sonido—. Después llegó otro número en tres por cuatro, ‘Stars’ de ‘Les Misérables’ de Schönberg y Boublil, un obstáculo bastante más exigente, y fue ahí donde comenzaron a perfilarse varias carencias en la voz de Boggess y en su manera de interpretar en este concierto; y, a medida que avanzaba la velada, se hicieron cada vez más evidentes.
Decidieron seguir esa pieza difícil con otra, aún más desafiante, del mismo espectáculo: ‘I Dreamed a Dream’. Escuchar a Boggess cantarla era como ver a un bebé adentrarse en un campo de minas. De verdad, no era la pieza adecuada para ella. Dejó al descubierto su registro grave más débil y un vibrato cada vez más amplio e ingobernable, agravado por una aspereza en las notas sostenidas forzadas. Con todo, aún estábamos al principio y había margen para recuperarse. Llegó un número interesante de ‘It Shoulda Been You’, de Barbara Anselmi y Brian Hargrove: Boggess lo interpretó en Broadway y ofreció una versión entregada de “el momento en el que tiene que decidir que quiere ser quien es” (si recuerdo sus palabras con precisión). Era material educado, de política identitaria, quizá con un aire a lo Sondheim, y reveló que su voz no tiene la variedad de colores que hemos escuchado en otras cantantes de este ciclo al enfrentarse a material similar. Así que uno se preguntaba: ¿por qué Seth había decidido programarla? Una duda persistente, molesta.
No se puede reprochar a Boggess falta de entusiasmo. Conserva una energía poderosamente juvenil, como una estudiante de último curso probándose para el musical del instituto, y está dotada de una capacidad inagotable para hablar de sí misma. Quizá nadie le ha señalado que, al cabo de un rato, este enfoque puede empezar a perder un poco de brillo. Si a eso se suma una técnica vocal que consigue que cada canción suene igual, existe el riesgo de monotonía. El siguiente número, ‘When Is It My Turn?’ (creo que así se titulaba), llamó aún más la atención sobre el método de emisión de Boggess. Funciona. Hace lo que ella quiere que haga con la mayor parte del material que le tocó. Sin embargo, cuando probó un fragmento de ‘The Phantom of the Opera’ (‘El fantasma de la Ópera’) y se mostró claramente satisfecha con el resultado —“I sing it pretty good”— yo estuve menos convencido. Había una sinceridad indudable en su llana seriedad, pero no dejaba de preguntarme si eso me ayudaba a sentirme implicado, emocional o intelectualmente, en la historia del personaje. Y, en mi caso, por desgracia, creo que no.
Seth Rudetsky
Quizá, en otra época, la habrían promocionado como “la soprano de teatro musical favorita de la nación”, porque hay algo muy fiable y seguro en su enfoque. Eso la diferencia de forma clara de todas las demás cantantes que he escuchado hasta ahora en esta serie de conciertos. No hay necesariamente nada malo o inapropiado en que una actriz trabaje de ese modo, pero cuando no hay nada más sucediendo a su alrededor, ¿es justo esperar que sea capaz de sostener por sí sola toda una velada? Otro número fue y vino (creo que era de ‘Miss Saigon’ de Schönberg y Boublil) y lo único que oí fue la misma técnica haciendo los mismos trucos. ‘Who Needs Love?’ recibió el mismo tratamiento directo, algo mojigato. Lo mismo ocurrió con un número de ‘The Secret Garden’ de Marsha Norman y Lucy Simon, otro papel en Broadway para Boggess, del que habló con una convicción incuestionable. Sin embargo, cuando cantó, lo único que podía oír era la estridencia en su registro agudo.
Hay un arte particular en interpretar canciones en cabaret que es muy diferente de presentarlas en un escenario. No todo el mundo, quizá, domina ambos conjuntos de habilidades. Y para quienes no están especialmente hechos para el mundo, sin escapatoria, de la plataforma de cabaret, quizá sería más amable aconsejarles que o bien se preparen mucho mejor para sortear sus trampas o, tal vez, que no lo afronten en absoluto. Fuera lo que fuese lo que nos llevó hasta aquí, rematamos con una canción que, al parecer, era en japonés: tal como la presentó Boggess, en el momento más a lo Florence Foster Jenkins del espectáculo, podría haber estado en cualquier idioma… salvo en uno inteligible.
Así que este quizá sea uno para guardar en el archivo.
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