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RESEÑA: Jack Absolute Vuelve a Volar, Teatro Nacional ✭✭✭✭✭
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Por
pauldavies
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Paul T Davies reseña Jack Absolute Flies Again en el National Theatre de Londres.
Caroline Quentin (Mrs Malaprop). Foto: Brinkhoff Moegenburg Jack Absolute Flies Again.
National Theatre.
14 de julio de 2022
5 estrellas
La expectación por este espectáculo es casi tan alta como puede volar un Spitfire. Aplazada por la pandemia, Jack Absolute vuelve a reunir a Richard Bean y Oliver Chris (una estrella destacada de One Man Two Guvnors y un sinfín de otras obras), pero esta vez como coguionistas en su alborotada puesta al día de The Rivals, de Sheridan. Ambientada ahora en 1940, cuando la Batalla de Inglaterra empieza a recrudecerse, la actualización funciona de maravilla, con todos los tópicos de la comedia de la Restauración en su sitio, y un guiño del siglo XXI mirando hacia los años 40. Hacía tiempo que no formaba parte de un público en carcajadas histéricas, desternillándonos en algunos momentos, y quedándonos en silencio ante lo que ocurre hacia el final de la obra.
Foto: Brinkhoff Moegenburg
La RAF ha requisado la casa de campo de Mrs Malaprop, y los pilotos están de humor para el amor entre una salida y otra. La obra se burla de la flema inglesa del “stiff upper lip” y de la imagen del héroe británico: magníficamente, Jack Absolute (el excelente Laurie Davidson) es el ejemplo perfecto, una imagen que se estira aún más en su padre militar, Sir Anthony Absolute, en una interpretación casi robaescenas de Peter Forbes, un estupendo ejemplo de indignación “Gammon” de principio a fin. Me alegró ver por fin reflejada la diversidad de las tripulaciones, con el hilarante australiano Bob ‘Wingnut’ Acres, retratado con viveza por James Corrigan, y Akshay Sharan comentando la britanidad como el poeta Bikram ‘Tony’ Khattri. Quien pilota los aviones por los aeródromos es Lydia Languish, objeto del afecto de todo varón heterosexual, amante despechada de Jack Absolute e impecable en la interpretación cómplice de Natalie Simpson. A esta mezcla explosiva se suma Jordan Metcalfe como Roy, cuya fisicalidad es desternillante, y Kelvin Fletcher como Dudley Scunthorpe, “del norte”, como objeto del deseo femenino, y la comedia sube de revoluciones estupendamente, especialmente en la primera parte.
Foto: Brinkhoff Moegenburg
Si la velada pertenece a una sola intérprete, es sin duda la extraordinaria tour de force de Caroline Quentin como Mrs Malaprop. Ahora, claro, puede salirse con la suya diciendo absolutamente cualquier cosa, ¡y lo hace! Sus intervenciones y apartes al público preparan la noche a la perfección, y también me encantó la criada Lucy, con Kerry Howard arrasando en el enorme Olivier, pinchando la pomposidad del propio teatro: “¡Soy un recurso dramático!”. Enhorabuena también a Tim Steed, que transmite de forma preciosa y divertida el anhelo gay de Brian Coventry (no es casualidad que se apellide Coventry), deseando oír las palabras “¡yo también soy un Brian!”.
La producción de Emily Bruns está bellamente y milimétricamente medida, y el diseño es espléndido, con proyecciones que escenifican batallas sobre nuestras cabezas en el Olivier. Hay un baile que levanta el patio de butacas en el Acto Dos, y después un cambio de tono, que me pareció que la compañía manejó muy bien. Aunque quizá no nos regale el final con jitterbug que esperábamos, sí rinde homenaje a The Few. Era justo lo que yo —y el público— necesitábamos: una noche de teatro para pasarlo en grande, y Jack Absolute no solo vuela; por momentos, se eleva. ¡Esperad un traslado al West End!
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