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RESEÑA: Adding Machine, Finborough Theatre ✭✭✭✭✭
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Por
julianeaves
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Joseph Alessi como Mr Zero en Adding Machine. Foto: Alex Brenner Adding Machine
Finborough Theatre
30 de septiembre de 2016
5 estrellas
Hay dos tipos de compositores: los que saben lo que hacen y los que no saben lo que hacen los demás. Joshua Schmidt pertenece sin duda al primer grupo. Como compositor y co-libretista de esta musicalización excepcionalmente brillante del drama expresionista seminal y rompedor de 1923 de Elmer Rice, del mismo título, Schmidt encabeza los créditos —junto a su co-libretista Jason Loewith— en esta producción impecable y con un estilo exquisito de Alex Turner Productions, en asociación con SDWC Productions, en el Finborough Theatre. Puede que no sea muy conocido para el público británico, pero —a juzgar por esta obra singularmente lograda y hermosa— eso, seguro, está a punto de cambiar. Tras recibir el encargo hace tres años, Schmidt ha escrito cada nota de la partitura, las orquestaciones, los arreglos vocales, y ha asistido a los ensayos y a todas las funciones de estreno de este estreno británico de su magnífico trabajo. Habiendo escuchado la partitura muchas veces en su grabación estadounidense (disponible ya en PS Classic, iTunes y Amazon) y visto la producción del Finborough en dos ocasiones, no puedo evitar sentir auténtico asombro ante este logro sensacional. El mismo entusiasmo contagia a todos los implicados, empezando por el estupendo director musical, Ben Ferguson, sus otros dos músicos de la banda, Tristan Butler y Hamish Brown, el diseñador de sonido Philip Matejtschuk (de quien emana gran parte del paisaje sonoro), y el reparto sobresaliente, reunido entre los mejores exponentes del teatro musical. En lo musical, se trata de una obra seria, que exige mucho a quien escucha; pero devuelve con creces en sus efectos dramáticos y estéticos.
Turner, en colaboración con su excelente director, Josh Seymour, tras distinguirse el año pasado con una estupenda producción de ‘One Arm’ de Tennessee Williams en el Southwark Playhouse, de un solo golpe ha elevado a su audaz nueva compañía a la primera línea de las productoras británicas de teatro musical. Con el apoyo del brillante concepto de escenografía y vestuario de Frankie Bradshaw (que recientemente cosechó un gran éxito con ‘Barbarians’ de Tooting Arts Club en el antiguo edificio de la escuela de arte Central Saint Martins), la magnífica iluminación de Neill Brinkworth (que entiende el Finborough a la perfección) y el movimiento de Chi-San Howard, esta es una de las mejores producciones que probablemente verás en todo el año.
Joanna Kirkland en Adding Machine. Foto: Alex Brenner
En esencia, la historia es una fábula de ‘Tiempos modernos’: el hombrecito, Mr Zero (Joseph Alessi, de un naturalismo maravilloso, absolutamente fuera de lugar en el mundo expresionista que propone la obra), es machacado por su formidable esposa regañona, Mrs Zero (Kate Milner-Evans, que combina el porte de Garbo con una voz salida de Schoenberg y Strauss, lo que la convierte en todo menos en una pareja ideal para su marido), y por una vida de tediosa rutina repetitiva. Recordando la rebelión del héroe de Georg Kaiser en ‘De la mañana a la medianoche’, comete un crimen capital contra El Jefe (James Dinsmore, que ofrece otra interpretación magníficamente construida). Procesado con rapidez por la maquinaria de la ley, es impulsado hacia el más allá, donde las cosas resultan estar muy lejos de lo esperado, y de un modo que se revela aún más groseramente mecánico que el del mundo de los vivos. Mientras tanto, lo persigue su compañera de trabajo Daisy (Joanna Kirkland, que pasa de apagada y reprimida a elegantemente vivaz), y lo acompaña en el camino un coro siempre mutable formado por Sue Appleby, Edd Campbell Bird, George Rae y Helen Walsh, que, junto con algunos de los anteriores, se reparten entre todos un par de docenas de papeles o más.
La manera en que Seymour maneja el diminuto espacio del Finborough es impecable. Empieza en pequeño y parece usar cada escena para abrir el mundo cada vez más, con cada gesto de elaboración expresado a la perfección por Bradshaw. Momento a momento, el mundo crece a nuestro alrededor, y repentinos y audaces fogonazos de invención teatral nos sacuden cuando creemos que ya sabemos hacia dónde va todo. Curiosamente, pese a su ethos mecanicista, como drama no hay ni un instante en el que sepamos realmente qué viene después. En los 90 minutos ininterrumpidos de su recorrido, viajamos muy lejos por esta vida y la siguiente, y siempre parece que nos mantiene en el tentador borde de descubrir aún más.
Joanna Kirkland como Daisy, Kate Milner Evans como Mrs Zero y Joseph Alessi como Mr Zero. Foto: Alex Brenner
Elmer Rice, cuya autobiografía es tan reveladora como ingeniosamente disfrutable, creció en el crisol del Nueva York de principios del siglo XX y se propuso triunfar en Broadway cuanto antes, para no tener que acatar los deseos de su padre de que siguiera una respetable carrera comercial. Pues bien: no solo lo consiguió, sino que rompió los moldes del teatro estadounidense, introduciendo el primer uso del ‘flashback’ en escena en 1915, con ‘On Trial’, y, dentro de su prolífica obra, empujando aún más los límites de lo que podía hacerse en términos de narrativa teatral con este cuento moral notablemente episódico y de una modernidad extrañamente extravagante para una época amoral. La producción de Broadway fue tan impactante y tan asombrosamente original que, cuando llegó el momento de contárselo a Inglaterra, lo empaquetaron todo y lo enviaron a Londres para su estreno aquí, en el Garrick, publicándose el texto junto con láminas a tamaño completo de la puesta en escena de sus distintos cuadros. Por eso, hoy, presentarlo de una manera ‘convencional’ de teatro musical iría completamente en contra de todo lo que representa. Con buen criterio, los creadores de esta adaptación musical han trabajado en sintonía con los impulsos originales de la obra y han construido un acontecimiento que quizá sea exactamente lo que el propio Rice habría imaginado, si entonces hubiera llegado la llamada para convertirlo en una obra cantada. Que Turner y compañía lo hayan convertido en una producción tan perfecta es, además, otro golpe de suerte.
Está en cartel en el Finborough por una temporada breve hasta el 22 de octubre. No te lo pierdas.
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