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NOTICIAS

RESEÑA: La dama desaparece, Teatro de Richmond ✭✭✭

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Por

matthewlunn

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Matthew Lunn reseña The Lady Vanishes en el Richmond Theatre, donde se presenta como parte de su gira por el Reino Unido

El reparto de The Lady Vanishes. Foto: Paul Coltas The Lady Vanishes Richmond Theatre 11 de marzo de 2019

3 estrellas

Calendario de la gira por el Reino Unido Uno de los problemas de adaptar un clásico es encontrar maneras de sorprender al público. No solo algunos ya conocerán la trama, sino que ciertos elementos de la narración corren el riesgo de resultar anticuados o previsibles. Aunque The Lady Vanishes hace un trabajo admirable al recrear una estética inmersiva de entreguerras, la narrativa avanza en líneas muy marcadas casi todo el tiempo, salvo por un último acto deliciosamente caótico.

Basada en el clásico de Hitchcock de 1938, la obra transcurre en un tren que viaja de Viena a Zúrich, repleto de estereotipos europeos. La anciana institutriz británica, Miss Froy (Juliet Mills), entabla amistad con Iris (Lorna Fitzgerald), una joven despreocupada que viaja a Londres antes de su boda. En el tren se cruzan con un metódico doctor austriaco (Maxwell Caulfield), dos pijos obsesionados con el críquet (Robert Duncan y Ben Nealon), un soldado alemán sin sentido del humor (Joe Reisig) y un expresivo mago italiano. Entonces, Miss Froy desaparece e Iris entra en pánico. Sin embargo, todos niegan que ella estuviera siquiera en el tren. Iris debe averiguar qué está pasando, con la ayuda de Max (Matt Barber), un joven al que, de cara a los demás, dice detestar.

La obra se deja ver con facilidad y, por momentos, es excelente. Nealon y Duncan aportan una calidez estupenda a su dúo cómico, incluso cuando los chistes caen más planos que un día sin wicket. El Eric de Philip Lowrie —un hombre tímido que, inexplicablemente, está de vacaciones con su amante— ofrece un retrato impactante de la fragilidad humana, mientras que Mills consigue que la Lady del título sea a la vez chispeante y sospechosa. También hay una satisfacción serena al ver cómo se desentraña el misterio, con Fitzgerald y Barber desarrollando una complicidad agradable a medida que avanza la función. Sin embargo, a menudo le falta el filo hitchcockiano: sus dos horas de duración se sienten extrañamente deslavazadas, con demasiadas conversaciones sin suspense y motivaciones sin explicar.

Con todo lo que tiene de rutinario, la obra concluye con una energía verdaderamente espectacular. Bellamente coreografiado y gloriosamente disparatado, el último acto es divertidísimo y compensa con creces la explicación poco satisfactoria sobre la desaparición de Miss Froy. El reparto se entrega a fondo, y cada frase provoca exclamaciones o carcajadas. Esto habla de un enorme potencial para el resto de la temporada, y espero que la compañía encuentre la manera de canalizarlo.

The Lady Vanishes es una obra de buen talante: frustrante, pero con destellos de inspiración. Aunque su narrativa va a trompicones, en parte por lo derivativo de sus personajes, se ve realzada por un reparto sólido —con interpretaciones individuales excelentes— y un desenlace glorioso.

THE LADY VANISHES GIRA POR EL REINO UNIDO

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