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RESEÑA: La importancia de llamarse Ernesto, Teatro Mercury ✭✭✭
Publicado en
11 de marzo de 2024
Por
pauldavies
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Paul T Davies reseña La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde, en el Mercury Theatre de Colchester.
Foto: Pamela Raith La importancia de llamarse Ernesto.
Mercury Theatre, Colchester.
7 de marzo de 2024
3 estrellas
Muy pocas obras merecen el calificativo de «atemporal», pero desde luego es el caso de esta ingeniosísima comedia de costumbres de Oscar Wilde. Tantas frases brillan con observaciones sobre la clase social que, a menudo, se te escapa la siguiente mientras el público se ríe. La preciosa producción de Ryan McBryde en el Mercury, con buen criterio, no intenta reinventar la rueda, sino que la traslada a la década de 1950. En conjunto, como los personajes y la situación se mantienen intactos, la actualización no aporta gran cosa más allá del magnífico diseño de escenografía y vestuario de Katie Lias. Y el reparto lo interpreta a lo grande, subrayando con fuerza cada frase ingeniosa, cuando creo que el truco de Wilde suele estar en soltar la réplica con naturalidad, casi como de pasada, porque forma parte de la conversación cotidiana.
Foto: Pamela Raith
El reparto saborea la oportunidad de entregarse a la comedia. Richard David-Caine como Jack y Mateo Oxley como Algernon combinan sus excelentes dotes físicas para crear un dúo irresistible; sus escenas y rifirrafes son uno de los grandes atractivos de la noche.
Foto: Pamela Raith
La escena entre Cecily (Claire Lee Shenfield) y Gwendoline (Harrie Hayes), en la que discuten con exquisita cortesía por (según creen) el mismo hombre, es una maravilla de pelea soterrada a duras penas contenida, aunque todavía podrían llevar esa cortesía un poco más lejos y mostrar su fortaleza manteniéndose firmes como una roca. Martin Miller está desternillante conteniendo a duras penas las emociones internas del reverendo canónigo Chasuble; Elizabeth Bower se roba las escenas como Miss Prism —con una peluca fantástica—; y Susannah Van Den Berg se lo pasa en grande en los papeles de servicio de Lane y Merriman. Por supuesto, Lady Bracknell es el personaje que proyecta una larga sombra, gracias a la interpretación cinematográfica de Edith Evans, y Gillian Bevan machaca las vocales, casi haciendo que nos entren ganas de sumarnos a aquello de «¡un bolso!», pero me pareció que no resultó tan dominante como podría ser el papel.
Foto: Pamela Raith
De hecho, la producción ganaría aún más vuelo si el elenco dejara de señalar tanto los chistes y remates, y se relajara dentro del diálogo de Wilde. Con todo, es una velada muy disfrutable, y la manera en que Wilde lo va tramando todo hasta llegar a la última frase —en la que el público se sumó— es una auténtica delicia.
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