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RESEÑA: La Crónica de Átomo y Luna, Teatro Mercury ✭✭✭✭
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Por
pauldavies
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Paul T Davies reseña The Chronicle of Atom and Luna en el Mercury Theatre de Colchester.
Foto: Luke Witcomb The Chronicle of Atom and Luna.
Mercury Theatre, Colchester.
19 de noviembre de 2022
4 estrellas
En lo más profundo del bosque, los gemelos de once años Atom (Farrell Cox) y Luna (Becca Bindang) viven en un palacio de cristal, vigilados por la omnividente esfera de cristal —una especie de Gran Hermano de cuento de hadas— y sometidos a un conjunto de normas opresivas impuestas por su madre, de corazón duro. Cuando ella se marcha, dejando a los hermanos a su suerte, el hambre y la curiosidad los empujan primero a los brazos del extraño y aniñado Iffley Sney (Alex Scott Fairley) y después a un atrevido viaje a las profundidades del bosque prohibido para buscar ayuda de Old Mother Redbeard (Fran Burgoyne). Lo primero que te atrae la mirada es la preciosa escenografía de Bek Palmer, que se curva alejándose de nosotros y se eleva: un hermoso paisaje boscoso. Da la bienvenida al público a un espacio que puede llenarse de aventura, y el reparto domina el arte de contar historias.
Foto: Luke Witcomb
En la piel de los gemelos, Cox y Bindang conectan enseguida con el público joven y hay una cualidad apremiante en su relato. La rivalidad entre hermanos está muy bien llevada (quizá podría haber habido un poquito más), y el texto de Murray Lachlan Young logra el equilibrio perfecto entre el asombro y la amenaza. Alex Scott Fairley es una delicia como Iffley Sney, y Burgoyne compone magníficamente a Old Mother Redbeard, maternal y mística, con una voz suave que llena el espacio de maravilla. Los gemelos deben unir dos mitades de una bellota para sanar el bosque (y el mundo), y el mensaje medioambiental es claro sin ser aleccionador.
El libreto, bellamente poético y con una narrativa de búsqueda muy definida, se hace un pelín largo, aunque he de admitir que el público joven se mantuvo atento; y la dirección a veces se vuelve algo estática: los personajes con frecuencia miran hacia el patio de butacas mientras describen lo que ocurre. La obra cobra mucha más vida cuando los niños no pueden estarse quietos. Con todo, el mensaje del montaje es importante y nítido: necesitamos empezar a escuchar a la naturaleza y reaccionar con rapidez. Y una de las estrellas del espectáculo es la manipulación de marionetas, especialmente la liebre y el lobo, encantadores y ligeramente desarmantes en la medida justa.
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