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RESEÑA: Kin, Teatro Nacional ✭✭✭✭
Publicado en
19 de enero de 2024
Por
pauldavies
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Paul T Davies reseña Kin en el National Theatre, creado por el director artístico de Gecko, Amit Lahav.
Amit Lahav y compañía. Foto: L Malachy Luckie Kin
National Theatre
16 de enero de 2023
4 estrellas
Comienza con celebración, música y tradición, y termina con los intérpretes compartiendo sus historias migrantes. Creada por el director artístico de Gecko, Amit Lahav, la historia central es la del viaje de su abuela desde Yemen a Palestina en 1932, para escapar de la persecución. Entretejidas en la pieza aparecen otras historias de migración, una narrativa visual en la que escuchamos retazos de diálogo, en muchos idiomas, y un soberbio teatro físico. Habla de las devastadoras consecuencias de las decisiones políticas y de vidas arrastradas por la marea, de culturas reprimidas y destruidas, de la huida y la supervivencia, y de la mezquina crueldad de los guardias fronterizos. Es una producción cargada de semiótica y significado: crea imágenes escénicas impactantes, los oprimidos llevan franjas amarillas pintadas en la espalda, la manipulación de títeres da vida a los antepasados y los cigarrillos funcionan como símbolos de poder. Sin embargo, a veces el ritmo es frenético y la pieza se vuelve incomprensible.
Foto: Malachy Luckie
Soy consciente de que es una intención deliberada, para reflejar el caos de la migración, la rutina de cambiar documentación y las exigencias constantes. Pero en ocasiones no queda claro si se nos está contando la historia de dos o tres familias, y nuestra implicación emocional se resiente; resulta complicado aferrarse a un solo personaje. A veces, la quietud diría mil palabras, pero nos empujan hacia otra secuencia, y algunas se vuelven un poco demasiado repetitivas. Donde sí impresiona es en la colaboración con la partitura de Dave Price, que incorpora música tradicional y fragmentos de bandas sonoras, y en el excelente diseño de iluminación, sobrio pero eficaz, especialmente un foco que pasa flotando, representando a barcos que no oyen ni ven a los migrantes, y las luces dirigidas hacia el público, para señalarnos.
Foto: Malachy Luckie
El elenco es excelente, y conduce a un clímax poderoso, demasiado familiar por nuestras pantallas de televisión y los debates actuales, que golpea de lleno el plexo solar emocional. Y el sentido de la pieza por fin queda en un enfoque nítido: no importa qué cultura o creencia se te atribuya, todos somos familia.
En cartel hasta el 27 de enero de 2024.
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