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RESEÑA: A Chorus Line, Curve Leicester ✭✭✭✭✭
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Por
garystringer
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Gary Stringer reseña la flamante nueva producción de Nikolai Foster de A Chorus Line, que se presenta en Curve Leicester.
El reparto de A Chorus Line. Foto: Marc Brenner A Chorus Line Curve Leicester
7 de diciembre de 2021
5 estrellas
Aportando un brillo de verdad a la temporada festiva, Nikolai Foster dirige una explosiva nueva producción del imperecedero musical A Chorus Line —una producción Made at Curve— que vertebra su temporada de invierno.
El reparto de A Chorus Line. Foto: Marc Brenner
Tras la inédita pandemia global que dejó los teatros a oscuras y a los intérpretes sin trabajo, esta historia de diecisiete bailarines ambiciosos que compiten por un puesto en la línea de coro homónima resulta tan actual como cuando se estrenó en Broadway en 1975. Su creador original, Michael Bennett, recurrió de forma innovadora a testimonios reales de bailarines para dotar de veracidad a una producción que alcanzó las 6.137 funciones, logró nueve nominaciones a los Tony y se alzó con el Premio Pulitzer de Drama de 1976.
Bradley Delarosbel como Gregory Gardner y el reparto de A Chorus Line. Foto: Marc Brenner
Estas confesiones aportan corazón y mucho humor a este musical, además de desgarro. Pese a tratarse de un gran elenco, todos tienen su momento bajo los focos; Emily Barnett-Salter derrocha descaro como la curtida Sheila, Redmand Rance exhibe una seguridad aplomada como Mike Costa, y en su debut profesional Jamie O’Leary es el ingenuo Mark Anthony. Casi sin tomar aliento durante “Dance:Ten; Looks Three”, Chloe Saunders está a punto de venirse abajo la sala con un audaz recuento de su viaje de patito feo a sensación potenciada por silicona.
El reparto de A Chorus Line. Foto: Marc Brenner
Los diecisiete van siendo eliminados poco a poco por el director del show ficticio, el maquiavélico Zach, interpretado por un imponente Adam Cooper. Además de su sangre, sudor y lágrimas, también quiere, exige, los secretos de sus aspirantes. Quizá sea para distraer del hecho de que él mismo guarda algunos con Diana, venida a menos: una notable Lizzy-Rose Esin-Kelly que transmite con seguridad hasta dónde está dispuesta a llegar por un trabajo remunerado, a medida que se revela su historia común. Con la ayuda de Taylor Walker como su asistente Larry, Zach conduce estas audiciones como si fueran confesionarios, destapando relatos ingeniosos sobre cirugía estética, ITS, viajes de ballet, oportunidades perdidas y duras realidades, pero siempre con una sonrisa firmemente instalada. En un giro sobrecogedor, Ainsley Hall Ricketts, como Paul, deja que la sonrisa se desvanezca al relatar su estremecedor camino para superar el abuso. Este momento robaescenas levanta el telón para poner el foco en el espectro de la explotación que acecha entre bambalinas.
Cada centímetro del inmenso escenario de Curve, y del diseño de Grace Smart, se aprovecha gracias a la impresionante coreografía de Ellen Kane, con un movimiento en perfecta sintonía con las melodías jazzísticas. En esta era de omnipresentes programas de talentos en prime time, en la que el público disfruta de forma voyerista de las penas y fatigas de artistas que luchan por salir adelante, el uso de vídeo en directo vuelve aún más íntimas las historias de estos aspirantes y hace al público cómplice; además, los espejos, usados con astucia en la escenografía, devuelven al espectador un reflejo distorsionado de sí mismo.
El reparto de A Chorus Line. Foto: Marc Brenner
Encarando el final, y tras las reflexiones del reparto sobre lo efímero de la fama y el apogeo físico, el muy querido clásico “What I Did For Love” se convierte en un himno a la dedicación y el compromiso; un canto al trabajo duro que sostiene el glamour.
Y qué final: una sensación singular, desde luego. La increíble iluminación de Howard Hudson se convierte en un personaje por derecho propio, casi cegadora cuando ilumina “One”, reafirmando el idilio tanto de los intérpretes como del público con el escenario, desterrando la oscuridad en esta época tan maravillosa del año, tras dos años muy convulsos e inciertos. Un triunfo.
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