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RESEÑA: Los Chicos de la Banda, Park Theatre ✭✭✭✭

Publicado en

Por

pauldavies

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La compañía de The Boys in the Band. Foto: Darren Bell The Boys in the Band. Park Theatre (Antes de la gira por el Reino Unido)

4 de octubre de 2016

4 estrellas

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The Boys in the Band, de Matt Crowley, ocupa un lugar especial en la historia del teatro gay. Estrenada por primera vez en Broadway en 1968 (donde disfrutó de una larga y exitosa temporada), un año antes de los ya legendarios disturbios de Stonewall, marca el inicio de la era moderna de la lucha por la igualdad. Con su homofobia interiorizada, el autodesprecio y sus pullas afiladas, había caído en desgracia entre el público actual, más libre. Vi la producción del West End a mediados de los 90 y me pareció una pieza de museo. Todo el mérito para el director Adam Penford y el magnífico reparto por devolver la obra al canon; y, en la intimidad del Park Theatre, ahora se percibe como un retrato honesto de la vida gay y de una época en la que vivir en el armario era la única opción que muchos hombres gays veían como medio de supervivencia.

Ian Hallard, John Hopkins, Greg Lockett y Daniel Boys en The Boys in the Band. Foto: Darren Bell

Michael organiza una fiesta de cumpleaños para su amigo Harold. En la privacidad de su propio piso, los hombres gays pueden ser ellos mismos… hasta que la llegada de su amigo ‘hetero’, Alan, resquebraja la familia alternativa de Michael y les obliga a jugar, en la segunda parte, a un peligroso y revelador juego de fiesta: ganan puntos extra si llaman al gran amor verdadero de sus vidas y se lo confiesan. Ian Hallard está excelente como Michael, aparentemente cálido y cordial al principio, hasta que el alcohol y la amargura le llevan a arremeter contra la vida y sus amigos; Hallard va arrancando con belleza las capas de la amistad a medida que continúa el círculo vicioso del autodesprecio. Entre los invitados está el hiper-camp Emory, interpretado con una hilarante pluma por James Holmes, que además aporta un recuerdo conmovedor de un amor adolescente no correspondido en la segunda parte. Su desafío a la hora de no rebajar su amaneramiento guiña el ojo a las drag queens que plantaron cara a la policía en el Stonewall Inn. Greg Lockett compone un Bernard sensible y divertido, el único personaje negro, al que en su momento sus amigos podían llamar The African Queen sin que mediara ninguna ofensa de corrección política. Nathan Nolan y Ben Mansfield están perfectos como Hank y Larry, una pareja que lidia con la promiscuidad de Larry, pero que deja ver su amor mutuo durante el juego.

John Hopkins, James Holmes, Daniel Boys en The Boys in the Band. Foto: Darren Bell

Como en Tartufo de Molière, a Harold se le prepara con una enorme expectación hasta que aparece (aquí, todo el primer acto) y, cuando lo hace, Mark Gatiss está impecable, tanto en apariencia como en carácter: clava con cinismo (y con precisión) el lugar que ocupan las personas gays en la cadena alimentaria de la sociedad, mordaz, con humor, recorriendo el escenario, consciente de que todo acabará mal y, aun así, la amistad sobrevivirá. Hay un momento magnífico en el que los hombres, liberados del mundo exterior, bailan con exuberancia en el salón; y la aparición repentina del heterosexual Alan hace que vuelvan a levantar, a toda prisa, los muros del armario a su alrededor. Interpretado por John Hopkins, Alan es un retrato excelente de un hombre atormentado por sus impulsos naturales: reprimido y ofensivo, decide seguir así al final de la obra; una actuación con capas y muy efectiva. Jack Derges aporta tanto físico como una divertidísima simpleza a Cowboy (el ‘Midnight Cowboy’ que llega demasiado pronto) y quizá sea el personaje más feliz de la función. Daniel Boys sobresale como Donald, posiblemente el personaje más difícil de plasmar: ansioso y deprimido al principio, su silencio y su amistad firme en la segunda parte quedan perfectamente resaltados por Boys, simbolizando que la amistad perdura.

Mark Gatiss y Jack Derges en The Boys in the Band. Foto: Darren Bell

Existe una pequeña historia de obras sobre fiestas gays, que comienza con The Boys in the Band y continúa con Kevin Eliott y su My Night With Reg, Mother Clap’s Molly House de Mark Ravenhill, y el Five Guys Chilling de este año. En todas ellas, las amenazas externas para la vida gay son el sida (sobrecoge recordar que, del reparto original de The Boys in the Band, se sabe que cuatro murieron de sida) y el chemsex, con el consumo de drogas devastando a la comunidad gay tanto como el VIH. (Aunque a Five Guys le habría venido de maravilla el mismo nivel de desarrollo de personajes que vemos en el Park Theatre.) Esta producción, con una banda sonora fulminante y un diseño preciso de Rebecca Brower, rescata con cariño The Boys in the Band y revela una pequeña obra maestra.

DESCUBRE MÁS SOBRE LA GIRA DE THE BOYS IN THE BAND

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