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RESEÑA: Los Dados de Dios, Teatro Soho Londres ✭✭✭✭

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Por

julianeaves

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Julian Eaves reseña God's Dice, la obra debut de David Baddiel, actualmente en cartel en el Soho Theatre de Londres.

Leila Mimmack (Edie), Alan Davies (Henry). Alexandra Gilbreath (Virginia) y Nitin Ganatra (Tim) en God's Dice. Foto: Helen Maybanks God's Dice Soho Theatre

30 de octubre de 2019

4 estrellas

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Este es un debut brillante de David Baddiel, quien —increíblemente— no había estrenado antes una obra de teatro.  Su dominio del escenario es maduro y su manejo de temas complejos, casi impecable, en esta fascinante vuelta de tuerca a la eterna y espinosa cuestión de cómo demostrar la existencia de Dios.  James Grieve dirige con empatía y sin alardes, con una escenografía clara y directa de Lucy Osborne (quien además viste al reparto con un naturalismo impecable).  Ric Mountjoy se permite más juego con unas transiciones de iluminación llamativas, y el diseño sonoro de Dominic Kennedy apela aún más a los sentidos.  Ash J Woodward aporta unos vídeos imaginativos que amplían todavía más el abanico sensorial de la producción (y que sacan un partido deslumbrante del fotogénico rostro de Leila Mimmack).

Alan Davies (Henry) en God's Dice en el Soho Theatre. Foto: Helen Maybanks

Sin embargo, es en las interpretaciones lúcidas, creíbles y ligeras de Alan Davies, Mimmack y Alexandra Gilbreath donde el montaje triunfa de verdad.  Davies es un actor de escena magnífico, totalmente a gusto en el ambiente íntimo de este teatro.  Defiende con solvencia el viaje del académico ateo Henry hacia la aceptación de la espiritualidad, cuando su estudiante cristiana y temerosa de Dios, Edie (Mimmack), le convence para empezar a usar ecuaciones matemáticas con las que confirmar la validez de los milagros.  Mientras tanto, su esposa, Virginia (Gilbreath), una celebridad del ateísmo, hace todo lo posible por mantenerlos separados, algo en lo que, hasta cierto punto, la ayuda y la instiga el colega de Henry: Tim (Nitin Ganatra), un aspirante a depredador de estudiantes con aire sórdido.  Adam Stawford cubre un par de papeles adicionales muy útiles a lo largo del camino.

Alexandra Gilbreath (Virginia) y Adam Strawford (Interlocutor). Foto: Helen Maybanks

Es un conjunto redondo, que Baddiel ha construido con inteligencia y elegancia.  El ritmo es el adecuado y apenas hay un momento en el que no se sostenga el interés dramático (un instante fugaz en la primera parte, cuando parece que nos desviamos hacia un debate intelectual con escaso propósito teatral, puede, creo, perdonarse).

El meollo de la cuestión (si me permite el juego) quizá reside más en si uno se toma o no en serio este tipo de disputas, bastante presbiterianas, o no.  Al igual que el autoflagelante fervor religioso de Light Shining In Buckinghamshire, posiblemente, esta obra se sostiene o se hunde según la disposición del público a aceptar su premisa teológica esencial: que existe una interfaz íntima entre la espiritualidad y lo personal.  La obra exige, de hecho, que lo aceptes si quieres mantener un interés emocional por los personajes.

Leila Mimmack (Edie) y Niitin Ganatra (Tim). Foto: Helen Maybanks

Sin embargo, si crees que la religión es un constructo social esencial, creado por los seres humanos para frenar sus vicios y vigilar sus egos, salvándolos de la locura que se alimenta del “conocimiento perfecto” y del poder absoluto, entonces todo esto puede parecerte algo así como un espectáculo secundario.  Además, dado que el rumbo final de la obra en realidad se dirige hacia un lugar completamente distinto (algo que Baddiel prepara con sigilo, pero que no deja de ser una tangente), podrías acabar con la sensación de que te han llevado por completo por el camino equivocado del Jardín del Edén.

Pagas tu entrada y eliges.  Como pieza teatral, funciona estupendamente.  Como un entretenido juego intelectual de sobremesa, tiene sus virtudes.  Como ejercicio serio de pensamiento, o bien te verás capaz de “comprar” lo que vende, o te quedarás preguntándote por qué a nadie implicado se le ocurrió que quizá estaban ladrándole al árbol equivocado del Árbol de Jesé.

Hasta el 19 de noviembre de 2019 en el Soho Theatre

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