NOTICIAS
RESEÑA: Tick, Tick... ¡BOOM!, Teatro Bridge House ✭✭✭✭
Publicado en
Por
julianeaves
Share
Julian Eaves reseña el musical de Jonathan Larson Tick, Tick...BOOM!, actualmente en cartel en el Bridge House Theatre (SE20).
Foto: Jamie Scott-Smith Tick, Tick... BOOM!
Bridge House Theatre
7 de octubre de 2019
4 estrellas
Cuando este fascinante y diminuto nuevo espacio Fringe abrió sus puertas hace unos años, fui directo y me encantó la capacidad del director artístico residente, Guy Retallack, y del productor, Rob Harris, para crear un encanto de gran calidad en un escenario del tamaño de una postal. Eligieron espectáculos que encajaban con el espacio y los repartieron con el mejor talento disponible. Desde entonces se ha convertido en una joya de la vida cultural de Penge y en un imán para quienes vienen de fuera con iniciativa: a apenas 20 minutos en tren desde Victoria, es un destino atractivo para toda la zona del sureste de Londres y más allá; yo viajé desde Tunbridge Wells, llegué al teatro en 50 minutos y —con una railcard— pagué 8 £ ida y vuelta. Valió cada minuto y cada penique de mi tiempo y mi dinero.
Foto: Jamie Scott-Smith
Esta obra, una de las dos únicas piezas completadas por el trágicamente malogrado Jonathan Larson, es un típico «trabajo temprano»: tres amigos jóvenes (dos chicos y una chica) disfrutan de la compañía mutua por Nueva York, y uno de ellos, casualmente, escribe musicales y —sí— monta un espectáculo en el equivalente noventero de un «granero». Y el espectáculo resulta ser... bueno, no quiero desvelarlo todo, pero esto es terreno de comedia musical, amigos. No hace falta decir más. Aunque la función sí tiene una especie de hilo narrativo rudimentario, donde mejor funciona es en la evocación de un trío muy unido, dominado por el carismático Jon de Alex Lodge (trasunto del propio Larson) con el afectuoso apoyo de sus colegas Susan (Georgie Ashford) y Michael (James Hume), que además realizan con habilidad dobles papeles para representar a personajes más periféricos (el agente de Jon, el padre de Jon...). Dura algo más de una hora, sin descanso, y se mueve en la zona Ricitos de Oro: ni demasiado corta ni demasiado larga; y se siente casi tanto como una revista como como un drama guiado por libreto: hay muchas risas y también algunos momentos inesperadamente más serios.
Foto: Jamie Scott-Smith
La partitura, eso sí, es su gran gloria y, con el apoyo de teclado y guitarra desde fuera de escena de Jamie Ross, suena mucho, muchísimo más grande de lo que realmente es. Canciones como «Green, Green Dress», «Johnny Can't Decide», «Real Life», «Sugar» y la inquietante balada «Come To Your Senses» son, una vez escuchadas, imposibles de olvidar. Incluso hay espacio para la parodia suave, pero técnicamente brillante, de Sondheim, «Sunday (Brunch)», así como para la sentida añoranza de «Why», que Lodge interpreta acompañándose a sí mismo en un teclado en escena. Y más. La intensa intimidad del espacio permite una inmersión maravillosamente profunda en cada número, y el extraordinario detalle y compromiso de las interpretaciones hacen que sientas cada instante como un acontecimiento real, vivido.
Foto:Jamie Scott-Smith
La iluminación de Richard Williamson es magnífica, y el diseño, sobrio y nada intrusivo, es de Natalie Johnson. Phil Lee se encarga del sonido, pero las voces casi siempre van sin amplificación. Paul Harris aporta algo de movimiento, aunque habría sido bonito tener más. Y la dirección de Retallack está siempre centrada en sacar a la luz la realidad humana de los personajes de la historia; lo combina con un uso seguro e inteligentísimo del espacio para potenciar el impacto dramático de lo que ocurre en escena. ¡Una delicia!
Recibe lo mejor del teatro británico directamente en tu bandeja de entrada
Sé el primero en conseguir las mejores entradas, ofertas exclusivas y las últimas noticias del West End.
Puedes darte de baja en cualquier momento. Política de privacidad