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RESEÑA: El Ritmo de la Vida, Teatro St James ✭✭✭
Publicado en
11 de julio de 2015
Por
danielcolemancooke
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Rhythm of Life
St James’ Theatre
11 de julio de 2015
3 estrellas
Según reconoce él mismo, Cy Coleman nunca se menciona en la misma frase que algunos de los grandes popes del teatro musical, como Sondheim y Lloyd Webber. Incluso sus canciones más populares, “Big Spender” y “Rhythm of Life”, han cobrado vida propia y rara vez se las vincula de nuevo a sus raíces en el teatro musical.
Así que, ¿fue Coleman un incomprendido en su época? Por suerte para nosotros, el St James’ Theatre acoge una revista con los grandes éxitos de Cy Coleman para que podamos formarnos nuestra propia opinión. Presentado como el “maestro de la pegadiza canción de musical”, el espectáculo incluye temas de títulos como Sweet Charity, Little Me y City Of Angels, además de un puñado de canciones menos conocidas que nunca antes se habían interpretado en Londres.
Un elenco de cuatro ayudó a dar vida a las creaciones de Coleman, ganador del Tony, combinando números de conjunto (como el arrollador The Rhythm of Life, que cerró la función) con algunas interpretaciones y bloques en solitario. La veterana del West End Marti Webb encabezaba el reparto y, aunque durante la primera media hora pareció un poco indispuesta, remontó con una interpretación chispeante y potente de Nobody Does it Like Me, de Seesaw. Era evidente que Webb figuraba como primera cabeza de cartel: tuvo su propia presentación al salir a escena y el público la trató con auténtica reverencia.
Sin embargo, quien se llevó la palma fue Cedric Neal, un relativo recién llegado que casi vale por sí solo el precio de la entrada. Neal tiene una voz de ensueño, aterciopelada y suave, y a la vez capaz de unas acrobacias vocales increíbles. Su actuación fue enérgica y el público la disfrutó muchísimo; cuando llegaron los saludos finales, recibió una acogida fantástica. Sus dos solos de la segunda parte —The Best Is Yet to Come y Use What You Got (The Life)— estuvieron entre los mejores momentos de la noche: desde luego, Neal es alguien a quien seguir de cerca.
Debbie Kurup se mostró muy soul, sacando hasta la última gota de sensualidad chispeante en su versión en solitario de Big Spender. También explotó el potencial cómico de The Oldest Profession, de The Life de Coleman, un grito del corazón de una prostituta aburrida y exhausta. John Barr fue tan fiable como su abultado currículum sugiere, y brilló especialmente en una divertida interpretación de Never Met a Man I Didn’t Like, de Will Rogers Follies.
Está claro que Coleman firmó algunos éxitos enormes y las melodías de Sweet Charity siguen destacando como su trabajo más sólido. No obstante, también hubo algunos deslucidos entre ellas, como The Colours of My Life, de Barnum: un número verdaderamente anodino que no debería haber estado ni cerca de la lista de canciones de anoche. Otra canción, Where Am I Going?, fue de hecho eliminada de la grabación de Sweet Charity, y anoche no aportó gran argumento para su inclusión.
Aunque los enlaces entre canciones son cruciales en una revista, el uso de una voz en off pregrabada le robó energía a la sala. El reparto tenía que quedarse sentado como muñecos de ventrílocuo mientras una voz desde arriba nos ofrecía una narración bastante zalamera. En realidad no aprendimos gran cosa sobre Coleman ni sobre cómo fue desarrollándose su carrera; unos enlaces más incisivos habrían añadido algo de claridad temática a la velada.
Coleman trabajó en una época en la que Broadway formaba parte con regularidad del Top 10. No todos los números presentados en Rhythm Of Life merecían un lugar en el espectáculo, pero el público se fue sin duda alguna de que era un compositor muy talentoso, con una capacidad notable para crear éxitos seguros. Con un reparto tan talentoso y versátil, ni siquiera un big spender saldría decepcionado.
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