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NOTICIAS

RESEÑA: Surfacing, Teatro Mercury de Colchester ✭✭✭

Publicado en

Por

pauldavies

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Paul T Davies reseña Surfacing, de Tom Powell, en el Mercury Theatre de Colchester.

Surfacing Mercury Theatre, Colchester.

4 de mayo de 2024

3 estrellas

Utilizando la tecnología como símbolo de la salud mental y la neurodiversidad, la obra de Tom Powell aborda la crisis en espiral que vive Luc, terapeuta del NHS, cuando conoce a un “usuario del servicio”, Owen, que atraviesa una situación similar a la suya. Sus pensamientos interiores se proyectan en una pantalla, y la banda sonora nos muestra la enorme diferencia entre sus cánticos de mindfulness y la miríada de emociones que experimenta. Ambos han perdido a un hermano por ahogamiento, y la única manera de seguir adelante es regresar al lugar donde ocurrió. Inevitablemente, en una pieza tan dependiente de la tecnología, si algo falla el impacto se reduce un poco, y hubo una interrupción técnica que obligó a pausar la función durante un buen rato. Aun así, la obra se siente algo recargada en lo escrito y le vendría bien una edición para lograr un espectáculo más ágil y nítido.

Las interpretaciones son sólidas, y hubo momentos en los que sentí que era todo lo que necesitaba: la claridad de la obra brilla de verdad cuando Sarah Livingstone nos conduce de forma convincente por el recorrido errático y ansioso de Luc, y Jerome Yates está estupendo como Owen y en una variedad de papeles. Entre ellos, el de un ratón de laboratorio al que Luc casi tiene que ahogar y luego salvar en un experimento médico; y aunque esto hace gracia una vez, el recurso se usa en exceso. Del mismo modo, aunque el montaje plantea observaciones muy acertadas sobre las listas de espera y la necesidad de hablar con una persona de carne y hueso en lugar de limitarse a marcar casillas y navegar por menús automatizados, el jefe de Luc aparece primero interpretado por Yates como un responsable robótico y luego, mediante la tecnología, en un dúo con Luc, ya en modo bot total. La idea se repite, y me pregunté si una sola escena no habría sido más efectiva. El reparto lleva sensores para interactuar con la tecnología, pero la verdadera fuerza está en el texto de Powell, que incluye algunos diálogos realmente finos.

La tecnología puede ser de última generación, pero la escenografía es básica, quizá porque el espectáculo está de gira. Aun así, se percibe un aire muy casero que no consigue sumergir del todo al público en la experiencia. Nunca da la sensación de que las apuestas suban demasiado: pese a estar al borde de la catástrofe, no parece que ninguno de los personajes no vaya a salir adelante. Con todo, hay mucho que admirar en la escritura y en las interpretaciones, y la pieza resulta muy instructiva.

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