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Entrevista sobre el West End - Jason Ralph
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Por
emilyhardy
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Emily Hardy charla con el actor Jason Ralph sobre Peter & the Starcatcher, New World Stages y el recorrido pos-Broadway de una obra ganadora de un premio Tony. “Me encanta fracasar. Necesito desesperadamente fracasar porque, si fracaso lo suficiente, al final ocurre la magia.” Peter and the Starcatcher, de Rick Elice, ganadora de cinco premios Tony, es la precuela de Peter Pan y explica cómo ‘Boy’, un huérfano maltratado que ni siquiera tiene nombre, acaba viviendo en Nunca Jamás, permaneciendo eternamente joven y tratando con un cocodrilo que hace tic-tac, una banda de piratas y los Niños Perdidos. Cuando Jason Ralph sale del ascensor, resulta asombroso (casi de forma cómica) lo mucho que este joven actor se parece a un Peter Pan. Ralph, con su áspero vestuario de huérfano (porque unos minutos antes se empapó en un chaparrón neoyorquino inesperado), se bebe de un trago una enorme bebida energética y se prepara para el espectáculo, físicamente exigente, picando un paquete de M&M’s de cacahuete. “Básicamente, corremos un maratón todos los días. A veces me despierto por la mañana y no tengo ni idea de dónde voy a sacar la energía para levantarme, ya no digamos para ser Peter Pan.” Cuesta imaginarlo mientras está aquí, entusiasmado, encaramado en la silla, sonriendo, divertido por la situación y mirando alrededor con emoción como si fuera la primera vez que viera el vestíbulo del teatro. Yo hago mi mejor interpretación de Wendy con ojos de cervatillo mientras Ralph me cuenta cómo sus propios sueños se hicieron realidad. “En el colegio era un auténtico niño gótico y mi madre estaba aterrada con todos mis amigos. Ella me empujó mucho hacia el teatro. Más tarde me enteré de que, en realidad, había convencido al profesor de teatro para que me diera todos los papeles que interpreté en el colegio, pero se lo agradezco muchísimo porque pude ganar mucha experiencia. Salí de mi fase gótica y con el tiempo me convertí en un ser humano un poco más normal. Luego fui a Collin College, en Texas, y después hice cuatro años en SUNY Purchase aquí, en Nueva York. ¡Vamos, que ya debería ser médico!” En otra transición, Ralph pasó de ser suplente (understudy) en la producción de Broadway de Starcatcher a interpretar el papel protagonista en el actual reestreno off-Broadway. ”Fue increíble. Sentí que me lo había ganado de verdad porque fui subiendo peldaño a peldaño, como se supone que debe poder hacerse. Además, tuve el lujo de salir a escena unas cuantas veces antes y, cuando ocurría, la gente no paraba de preguntarme qué se sentía al debutar en Broadway. Pocas cosas he amado más, pero no lo viví como si fuera lo único que importara. Yo seguía siendo parte de la compañía. Era simplemente dar un paso más.” Y Ralph hace un Peter absolutamente brillante. Suspendemos por completo la incredulidad y nos dejamos llevar por el precioso mundo fantástico que sugiere la obra, sin cuestionar nunca la motivación de ese Pan de 13 años que solo busca empezar de cero y la oportunidad de “ser un niño durante un rato”. Sin embargo, empezar como cover significó que Ralph no tuvo el lujo de crear el personaje desde el principio. ¿Hasta qué punto, entonces, es suya la interpretación de Peter? “Los directores, Roger Rees y Alex Timbers, fueron muy amables conmigo porque ellos también tenían ganas de redescubrir la obra. Muchos del reparto llegaban completamente nuevos y eso hizo más fácil recrearla. Yo quería hacerlo a mi manera, pero es difícil distinguir entre cambiar algo por cambiarlo y cambiar algo en beneficio de la narración. Me sabía todas las frases y los movimientos, así que durante todo el proceso de ensayos pude probar cosas y fracasar una y otra vez hasta dar con lo que funcionaba.” Con el aspecto tan joven que tiene, me pregunté si interpretar a Peter le estaría provocando un efecto antiedad, pero Ralph, que en realidad tiene 26 años, ha trabajado sin descanso para llegar hasta donde está hoy. “Lo mejor que hice fue trabajar un año como lector en una oficina de casting. No me veían para nada, pero me fueron conociendo y, al cabo de un año, me vieron para esto y me lo llevé. Creo que así es como debería funcionar. Esperas, eres constante, intentas disfrutar del camino, y al final llega lo adecuado. Nada tan bueno iba a ser fácil.” El sueño de Ralph es interpretar algún día al príncipe Hal en todos los Henrys de Shakespeare. Sugerirle que venga a Londres para hacerlo le hace sonreír de oreja a oreja. “Me encantaría hacer eso en Londres… ¡en el Globe!”, anuncia emocionado. Peter and the Starcatcher también ha hecho su propio viaje; era tan nueva para Broadway como lo era Ralph, pero los premios Tony le dieron alas a la producción (por así decirlo). Starcatcher emprende su primera gira nacional a finales de este año, pero ahora mismo está en New World Stages. Para alguien de fuera, el salto de Broadway a off-Broadway parece poco convencional. “Es una transición extraña, pero el teatro en el que estábamos antes tenía reservas previas. Seguía habiendo demanda del espectáculo, quizá por los Tony, así que ha continuado. Es una obra íntima y estamos descubriendo que, en realidad, encaja mejor en este espacio más pequeño.” Cuesta imaginar Starcatcher en otro sitio que no sea este nuevo hogar: una sala mágica de 500 butacas, a tiro de piedra de Broadway. Quienes viven lejos de la ciudad de Nueva York esperan con ganas la oportunidad de ver producciones ganadoras de un Tony cuando pasan por una ciudad cercana. Esto augura un buen futuro para Starcatcher, que es una pieza ideal para salir de gira; utiliza muy poca escenografía y, en su lugar, se apoya mucho en los cuerpos y las voces del reparto. Los actores permanecen en escena durante toda la función para crear los barcos que crujen y el Nunca Jamás fantástico. Esto, al principio, supuso un reto para Ralph, que tenía la responsabilidad de cubrir cinco papeles. “El primer día de ensayos estaba sentado con cinco subrayadores. Mi libreto parecía un arcoíris, con muñequitos corriendo de un lado a otro. Cuando llegué a casa, no tenía ni idea de qué significaba nada. Pero, como suplente, podía verlo desde fuera; es muy satisfactorio ver lo fácil y fluido que parece todo, pero por dentro es un caos orquestado, absolutamente frenético. No dejas de correr y, si te desconectas un segundo, la ilusión se rompe.” El decir coral a veces resulta enrevesado y difícil de seguir (quizá porque el público no lo espera), pero enseguida nos atrapa el humor autoconsciente y de bofetada, y el movimiento embriagador y sin fisuras de Steven Hoggett. “El espectáculo es como una máquina, en el mejor sentido. Una vez que arranca no se detiene y te lanza a escenas en las que expones el alma sin preparación alguna. A mí eso me viene bien porque no tengo tiempo de preocuparme. Solo eres un engranaje esencial de la máquina.” Peter Pan con su Molly, la coprotagonista Nicole Lowrance Todo funciona. La pieza es una celebración jubilosa de la forma teatral, pero hay algo que me desconcierta: Peter and the Starcatcher, con todos sus deleites literarios, sus complejidades y su carácter poco convencional, da la sensación de que debería estar dirigida a un público más joven. La historia, vendida como “la precuela de Peter Pan para adultos”, tiene la moral y la determinación de un cuento de hadas. “A los niños les encanta. Se implican muchísimo en la historia de Peter y Molly. Los adultos suelen fijarse más en Black Stache.” Hay, por supuesto, referencias y matices que los niños inevitablemente se perderán, pero los críos no van solos al teatro. Sugerir que la obra es “para adultos” es engañoso e insinúa que no es apropiada para quienes, creo, es donde mejor encaja. Al fin y al cabo, los niños están más cualificados que la mayoría cuando se trata de usar la imaginación, y la energía contagiosa de esta compañía tan inventiva debería compartirse y disfrutarse de forma universal. Con ese pensamiento, dejé a mi Peter Pan con sus M&M’s y me aventuré de vuelta al monzón.
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