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RESEÑA: Calle de verano, Teatro Waterloo East ✭✭✭✭

Publicado en

Por

douglasmayo

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Douglas Mayo reseña Summer Street, el desternillante musical australiano de culebrón de Andrew Norris, actualmente en cartel en el Waterloo East Theatre.

El elenco de Summer Street. Foto: Simon Snashall Summer Street Waterloo East Theatre

16 de mayo de 2019

4 estrellas

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Como australiano, recuerdo haber crecido cuando Neighbours y Home And Away llegaron por primera vez a la pantalla. Neighbours apenas duró unas semanas antes de que la cancelaran; luego pasó a otra cadena y la recastearon parcialmente, convirtiéndose en un éxito. Con ambas series aún en emisión en muchos países del mundo, no sorprende que el culebrón australiano haya acabado siendo objeto de una versión musical… bueno, más o menos.

Porque Andrew Norris ha creado este musical de culebrón australiano con la lengua bien metida en la mejilla. Todo es susceptible de burla: desde el lugar hasta los actores y los guiones diabólicos. Así que nos encontramos en la reunión del quinto aniversario del reparto de Summer Street, un culebrón ya cancelado que estuvo en antena unos quince años largos. Lo que hacía único a Summer Street es que era un culebrón musical. Aprovechando el éxito pop de miembros de otros culebrones, Summer Street buscaba fabricar estrellas y hits a través de la musicalización del formato.

Como fan empedernido del teatro musical, sinceramente pensé que quizá iba a presenciar algo parecido a entrar en el séptimo círculo del infierno, pero me alegra decir que nada más lejos de la realidad. Las melodías, como la premisa, son parodia pura, con una generosa dosis de algo que podría sonar a Stock, Aitken y Waterman. ¿Las canciones hacen avanzar la trama? Más o menos… ¿quizá! Pero son bastante pegadizas y bastante vacías; aun así, cuando miras a los personajes de este culebrón, encajan a la perfección.

Myke Cotton y Simon Snashall en Summer Street. Foto: Simon Snashall

Nuestros cuatro exmiembros del reparto, Steph (Julie Clare), Bruce (Simon Snashall), Paul (Myke Cotton) y Angie (Sarah-Louise Young), no lo han tenido fácil desde la desaparición de la serie; esperan que este especial les ayude a volver a ponerse en pie. ¿Y qué más da que casi todos los personajes que interpretaban murieran antes de que el culebrón terminara? ¡Esto es un culebrón!

Este fantástico elenco se mueve con total soltura en el universo de Summer Street, tanto en pantalla como entre bambalinas. Mención especial merece la fabulosa gorra de Myke Cotton, con mullet incorporado, que me hizo reír a carcajadas en varias ocasiones.

La estructura fragmentada del espectáculo, para mí, tendía a frenar cualquier tipo de fluidez natural de la comedia, pero con cuatro personajes más grandes que la vida en escena no tienes mucho tiempo para pensarlo. Hay acentos australianos sorprendentemente buenos (a Steph a veces se le escapaba uno sudafricano), pero está en el hemisferio correcto, así que se lo perdonamos. Norris ha dado a sus personajes de Summer Street nombres reconocibles —el Dr. Marl y la Sra. Mingle, por citar solo un par—, y las situaciones y los personajes generaron risas y una sensación general de nostalgia por décadas pasadas, sin que el público necesite más que un conocimiento superficial de los culebrones australianos.

El resultado son casi dos horas de entretenimiento ligero, repleto de nostalgia cómica por series que se adueñaban de la vida de la gente y por la panto británica. Norris observa el fenómeno del culebrón australiano muy desde el punto de vista de un británico, y hubo algunos momentos en los que me sentí orgulloso de que una de las mayores exportaciones televisivas de Australia se haya llevado tan en el corazón y luego se haya parodiado con cariño por parte de sus fans, Norris incluido.

A medida que el espectáculo se asienta, espero que se vayan resolviendo algunos pequeños fallos, en particular en lo referente a la velocidad de la dicción, que dejaba parte del diálogo culebronesco algo atropellado y reducía el impacto cómico.

Summer Street es muy divertida: las canciones (muchas bastante más memorables que las entradas de Eurovisión de anoche) te sacarán una sonrisa y te harán olvidar el mundo real por un momento. Al fin y al cabo, el culebrón va de evasión.

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