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RESEÑA: Heisenberg - El principio de incertidumbre, Teatro Wyndham ✭✭✭
Publicado en
10 de octubre de 2017
Por
pauldavies
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Anne Marie Duff y Kenneth Cranham. Foto: Brinkhoff Mogenberg Heisenberg: el principio de incertidumbre
Wyndham’s Theatre.
10 de octubre de 2017
3 estrellas
Reserva ahora Pese a su protagonismo en el título, no hace falta tener grandes conocimientos científicos del principio de Heisenberg para disfrutar de esta producción. En esencia, cuanto más se mide una partícula con mayor precisión, mayor es la imprecisión correspondiente: la certeza engendra incertidumbre, y es un riesgo que los seres humanos tendemos a evitar. En la nueva obra de Simon Stephens, cuando Alex se topa con Georgie en uno de sus muchos paseos, ella lo saca de su rutina y lo empuja hacia territorios que nunca había explorado. Primera producción de Elliot and Harper Productions, supone además la primera dirección de Marianne Elliott desde su majestuosa Angels in America. Aunque el lienzo sea más pequeño, las preguntas siguen siendo enormes.
Anne Marie Duff y Kenneth Cranham. Foto: Brinkhoff Mogenberg
La pieza está magníficamente interpretada por Kenneth Cranham y Anne-Marie Duff: él, firme en sus costumbres; ella, deslenguada y estadounidense, viajera curtida, aventurera pero marcada por la ausencia de su hijo, desaparecido en Nueva Jersey. Ella es la incertidumbre: le miente, confiesa sus mentiras y escarba en su vida. A él lo pesa la muerte de su hermana, y lo lleva en la forma de caminar; es una delicia ver cómo Cranham va abriendo a Alex conforme avanza la obra, especialmente su gozo con la risa de ella. Pero ella es compleja, casi una cambiaformas, y Anne-Marie Duff irradia energía: una interpretación luminosa. Resulta especialmente gratificante ver a un hombre de 75 años representado como un ser sexual, sin enfermedad ni dolor, aunque su probable muerte proyecta una sombra sobre la relación a medida que se enamoran: rara vez se ve una historia de amor entre generaciones. El diseño de Bunny Christie y la ejemplar iluminación de Paule Constable se complementan a la perfección, envolviendo a los personajes en escenas íntimas; la cama de Alex entra rodando en escena mientras ellos, borrachos, ruedan hacia ella, sacando el máximo partido a la luz, el espacio y la sencillez.
Anne Marie Duff y Kenneth Cranham. Foto: Brinkhoff Mogenberg
En última instancia, el principio de incertidumbre es el Amor: su promesa y su amenaza. La obra funciona a base de dualidades: inglés/estadounidense, timidez/desparpajo, rutina/aventura, certeza/incertidumbre. El guion, bronco y hermoso, de Simon Stephens no se reduce a un esquema tan simple, pero a mí me pareció que le faltaba profundidad. Alex tiene un parlamento precioso, mientras escucha a Bach, sobre cómo la música se construye en el espacio entre las notas; y, para mí, ahí está el problema de la obra. Con 90 minutos, da la sensación de que podría ser incluso más corta, y la tensión no se eleva lo suficiente. Alex se acostumbra a la incertidumbre demasiado rápido; se intuye una obra mayor en el espacio en blanco entre las líneas. En conjunto, da como resultado una velada muy contenida: una obra más interesante que absorbente.
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