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RESEÑA: La madre del blues, Netflix ✭✭✭✭
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Por
pauldavies
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Paul T Davies reseña Ma Rainey’s Black Bottom, que ya está disponible en streaming en Netflix, protagonizada por Viola Davis.
Viola Davis en Ma Rainey’s Black Bottom Ma Rainey’s Black Bottom.
Ya disponible en streaming en Netflix.
4 estrellas
Con los cines aún cerrados, no sorprende que el “runrún” de los Oscar se concentre en películas que están en streaming —o que lo estarán pronto—. Esta adaptación respetuosa, fiel y contundente de la obra de 1982 de August Wilson, una de las diez que componen su Pittsburgh Cycle, merece plenamente esa atención. En un estudio de grabación de Chicago, la banda y el representante esperan la llegada de Ma Rainey, y entre reflexiones, discusiones y disputas van desgranando sus historias personales. La tensión aumenta cuando llega Ma, con aires de diva, y exige que sea su sobrino tartamudo quien diga la introducción de la canción que da título a la obra. El montaje avanza hacia un desenlace impactante, que me resultó imprevisible y realmente poderoso.
Me sorprendería muchísimo que esta producción no lograse al menos dos nominaciones al Oscar (y dos victorias). La primera sería para Viola Davis que, siempre excelente —y ya ganadora de un Oscar por otra adaptación de Wilson, Fences—, está asombrosa en el papel protagonista, afrontando una auténtica transformación. Abiertamente lesbiana, gruñona y de un talento descomunal, Ma es un personaje soñado para cualquier intérprete, y Davis lo habita por completo. Fiera y firme, incluso cuando se equivoca, Davis también muestra a Ma Rainey destrozada cuando baja la guardia, como si cantar fuera lo único por lo que vive. Lleva las cicatrices de su experiencia —de la lucha que toda mujer racializada ha atravesado y sigue atravesando— en el rostro agotado, en la mirada cansada, en esos destellos de ira. Es una pena que aparezca menos en la película, pero refleja la obra: Ma llega tarde y tiene menos escenas que la banda. Aun así, cada plano cuenta en esta interpretación excelente.
La segunda nominación al Oscar podría situar a Chadwick Boseman en ese triste grupo de ganadores póstumos. Hoy conocemos sus problemas de salud durante el rodaje, y se notan en su físico. Pero eso no resta ni un ápice a su interpretación apasionada y absorbente como Levee, el trompetista de sangre caliente con ambiciones propias, destinado a chocar con Ma Rainey. Especialmente demoledor en lo emocional es su monólogo, en el que revela la violación en grupo de su madre que presenció cuando tenía ocho años, y la venganza llevada a cabo por su padre. No es casualidad que cada habitación del estudio parezca una celda: todos están encarcelados por su pasado y por la terrible historia del racismo, y rara vez logran escapar de sus límites. La escritura es hermosa; el ritmo, casi lánguido, pero uno se da cuenta de que todo se va tensando hasta que la historia los desborda y Levee arruina cualquier posibilidad de futuro para sí mismo.
Por brillantes que sean esas interpretaciones, estamos ante una pieza coral perfectamente repartida. Disfruté especialmente con Glynn Turman como el sabio pianista Toledo, Jeremy Shamos como el sufrido representante de Ma y Dusan Brown como su sobrino. El director George C Wolfe añade al final una escena sobre apropiación cultural que subraya con claridad la vigencia de la obra y de la película hoy. Muy recomendable.
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