Desde 1999

Noticias y reseñas de confianza

26

años

lo mejor del teatro británico

Entradas oficiales

Elige tus asientos

Desde 1999

Noticias y reseñas de confianza

26

años

lo mejor del teatro británico

Entradas oficiales

Elige tus asientos

  • Desde 1999

    Noticias y Reseñas Confiables

  • 26

    años

    lo mejor del teatro británico

  • Entradas oficiales

  • Elige tus asientos

NOTICIAS

RESEÑA: Barnum, Gira por el Reino Unido ✭✭

Publicado en

Por

stephencollins

Share

Foto: Johan Persson Barnum

Churchill Theatre, Bromley: gira por el Reino Unido

18 de marzo de 2015

2 estrellas

Imagínese, si quiere, el sonido del metal arrastrándose por el hormigón. O el de Lee Marvin, mascando sin afinación la melodía en I Was Born Under A Wandering Star. Ese sonido hueco, reverberante, mortecino, atonal. ¿Lo tiene ya en la cabeza? No es el sonido que espera oír, canción tras canción, de un protagonista de un musical, ¿verdad?

Y, sin embargo, eso es exactamente lo que produce Brian Conley en su papel estelar en Barnum, que ahora se representa en el Churchill Theatre de Bromley como parte de su gira por el Reino Unido. Exactamente ese sonido, uno que hace que Harvey Fierstein suene como Howard Keel en comparación.

Sabe que hay problemas cuando el intérprete que hace de Tom Thumb ofrece la actuación más lograda de toda la función de Barnum. Pero aquí es así.

Resulta bastante incomprensible cómo se ha llegado a esto. Esta producción nació en Chichester, donde estaba pulida, revitalizante, emocionante y rebosante de corazón. (Lea nuestra crítica de Chichester). Allí, sin embargo, tenía un libreto muy distinto, y el enfoque general era completamente diferente. Estaba repartida con gente que sabía actuar, cantar y bailar, y se interpretaba con auténtico brío.

Cameron Mackintosh, no obstante, no aprobó aquella producción, algo que quedó claro en la serie documental de Channel 4, The Sound of Musicals, que reveló algunas maniobras entre bambalinas y las dificultades que tuvo entonces el equipo de producción con Mackintosh y su visión del espectáculo. No está del todo claro cuál era el problema de Mackintosh, pero, de forma difícil de entender, parecía centrarse en un cierto descontento con la interpretación de Christopher Fitzgerald, cuyo Barnum era un personaje más complejo, más interesante, más completo y menos de “miradme presumir” de lo que cabría esperar. El resultado fue que la producción de Chichester no se trasladó y Mackintosh anunció que una versión con nuevo reparto y remontada saldría de gira por el Reino Unido.

Así que la versión de gira ahora en Bromley es el Barnum aprobado por Mackintosh (incluso revisó el texto junto al autor original Mark Bramble), una que remite a las producciones originales de los años 80 que tuvieron como estrellas, en Broadway, a Jim Dale y Glenn Close y, en el West End, a Michael Crawford. Como en aquellas, el núcleo de esta producción es una estrella vistosa y con estilo, con un buen repertorio de trucos; a diferencia de ellas, esta es casi por completo poco musical.

El programa recuerda que cuando Barnum se estrenó en Broadway hubo un serio problema con las orquestaciones de la partitura brillante y metalizada de Cy Coleman: “Eran versiones dementes de ‘turkey in the straw’, con un twang estridente, cargadas de violines, pesadillescas y totalmente inutilizables”. Las adaptaciones de Stephen Metcalfe de las orquestaciones de William David Brohn quizá no sean dementes, pero despojan a la música de su potencial gozoso y producen un manto plano, insípido y sintético para cada nota y cada melodía.

Nada de la partitura se ve favorecido por la dirección musical de Ian Townsend, el diseño de sonido de Mike Potter o la interpretación de la banda de diez músicos. La partitura necesita tempos ágiles y saltarines en la mayoría de los números de conjunto, pero también se recrea en un pulso lánguido cuando conviene dramáticamente; una velocidad de término medio no le sirve a nadie. One Brick At A Time es demasiado lenta para ser el número arrollador que puede llegar a ser; y no tiene sentido hacer The Museum Song, uno de los solos de “patter” más ingeniosos y endiablados que se pueden encontrar en un musical, a menos que se haga con una dicción ejemplar a un ritmo vertiginoso que luego pueda acelerarse con un efecto estupendo. No es un número para un trote seguro.

Ya sea por la interpretación o por el sonido, el pulso percusivo de big band que sostiene, caracteriza y define números como Come Follow The Band y Join The Circus brilla por su ausencia. No hay precisión, no hay un núcleo rítmico firme; y el resultado es que la partitura de Coleman, tal y como se toca, carece del chispeante brillo y el fervor que la hacen destacar.

En su mayor parte, el canto tampoco ayuda. Cuando llegan las excepciones, destacan, captan la atención y dejan entrever lo que Barnum podría ser. Mikey Jay-Heath está soberbio como Tom Thumb y su gran número, Bigger Isn't Better, es maravilloso en todos los sentidos. Jay-Heath canta con gran destreza, baila con energía y con una línea precisa y limpia, de modo que su energía y capacidad inundan el escenario. Landi Oshinowa demuestra un gran dominio vocal, por partida doble. Su número como Joyce Heth, Thank God I'm Old, brilla vocalmente, y su número del segundo acto, Black and White, es un sólido tema jazz/blues que resulta un oasis bienvenido en un mar de interpretaciones vocales casi inertes.

El problema no es del Ensemble, que es un grupo talentoso, trabajador y lleno de energía, que canta con brío y aporta tanto armonía como melodía. El sonido que producen en los números grandes, incluso dejándose la piel en la coreografía exuberante, atractiva y muy física de Andrew Wright, es excelente y con cuerpo. En ocasiones, se adelantan al pulso deslucido en su empeño por hacer plena justicia a los pasos y las canciones; esto no habla mal de ellos, sino que más bien demuestra que los fallos aquí no están solo en las estrellas, sino también en el foso.

Las estrellas. En su haber, Brian Conley no tiene dificultad con la faceta de showman del papel: bromea con el público con soltura, hace trucos de magia con estilo, traga algo de fuego, arranca buenas carcajadas, logra el complicado paseo por la cuerda floja al tercer intento y se entrega a las tácticas resbaladizas de vendedor de aceite de serpiente que presentan a su Barnum como el emprendedor consumado. En la superficie, Conley es un estupendo P. T. Barnum.

Pero para que el musical funcione, como musical, tiene que haber corazón bajo el exterior brillante, sustancia bajo el estilo. Y la capacidad de cantar también ayuda. Conley no aporta ni corazón ni sustancia, su interpretación es superficial y, desde luego, no sabe cantar, ni siquiera al estilo Rex Harrison. Así que los aspectos musicales, la columna vertebral de la pieza, sencillamente no pueden funcionar.

Tampoco Linzi Hateley como Chairy Barnum ni Kimberley Blake como Jenny Lind están a la altura. Ambas resultan unidimensionales, asépticas y bastante aburridas. Ninguna tiene química con Conley, aunque no sea culpa suya. Además, hay bastante canto desafinado, especialmente por parte de Blake, lo cual es desafortunado dado que se supone que Lind es la mejor cantante del mundo. Es difícil no sentir lástima por Hateley; sus dúos con Conley son delicados y reflexivos, pero el raspado de Conley los arruina —por completo— e impide que sean como deberían.

Hay algunos cameos estupendos de Nick Butcher y Edward Wade, ambos intérpretes muy completos con un futuro prometedor. Entre los miembros del ensemble más destacados, incansables en energía enfocada y capacidad vocal, estuvieron Courtney-Mae Briggs, Louis Stockil, Jennifer Robinson, Georgie Ashford y Silvia Dopazo. David Birch interpreta a Wilton con gran seguridad y es otro excelente cantante/bailarín en los números de conjunto.

Todo el ensemble trabaja bien en conjunto, moviendo escenografía, aportando el apoyo dramático y vocal adecuado y bailando con un entusiasmo y un compromiso potentes y atractivos. El trabajo circense que realizan, con la ayuda de Juliette Hardy-Donaldson, es impresionante y muy divertido. Giros, volteretas, saltos, zancadas, rodadas, trabajo sobre zancos y contorsiones de todo tipo: es un circo lleno de movimientos y trucos elegantes y pulidos. Su trabajo en Black and White, Come Follow The Band y Join The Circus fue un auténtico placer de ver.

La escenografía y el vestuario de Scott Pask, Paul Wills y Lone Schacksen son coloridos y adecuados, y establecen a la perfección el tono de esta historia de frenesí a pie de pista y charlatanería. La escenografía no siempre está bien iluminada y hay un efecto constantemente apagado que resulta desconcertante, aunque acorde con la musicalidad del acompañamiento.

Este no es Barnum en su mejor versión. Cuesta saber qué está haciendo el director Jean-Pierre Van Der Spuy. No le llega ni a la suela a la cálida y seductora producción vista en Chichester. El público con el que la vi parecía disfrutarla bastante, pero eso debe tener más que ver con las (considerables) cualidades inherentes de la historia y la partitura, y con el espíritu incansable del ensemble, que con las interpretaciones centrales. O eso, o no tienen con qué comparar esta versión.

Este Barnum es el espectáculo de Tom Thumb. ¿Y cuántas veces se puede decir algo así?

Comparte esta noticia:

Comparte esta noticia:

Recibe lo mejor del teatro británico directamente en tu bandeja de entrada

Sé el primero en conseguir las mejores entradas, ofertas exclusivas y las últimas noticias del West End.

Puedes darte de baja en cualquier momento. Política de privacidad

SÍGUENOS